LIBROS NUEVOS

 

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David Robinson: Collaguas II. Lari collaguas: Economía, sociedad y población, 1604-1605. LIMA - PERÚ: Pontificia Universidad Católica del Perú, 2003, 452 p.

RESUMEN

Con esta edición continuamos el legado de la visión andina de Franklin Pease, con la esperanza de que un día será la serie de tomos de las visitas de los Collaguas completa. Tomando en cuenta este propósito, empezamos aquí con Collaguas II, la visita de Larí Collaguas de 1604-1605. La visita empieza en el pueblo de Yanque Collaguas el día veintiuno de julio de 1604, con el juez revisitador de la provincia don Gerónimo Dávila. El visitador había sido nombrado por el virrey

don Luis de Velasco (Lima 27 de julio de 1603) por petición del protector de los naturales Joachín de Aldana. La situación en la encomienda de Lari Collaguas del General Alonso Picado y de Cabana conde de don Gerónimo de la Cuba Maldonado era crítica, con falta de comida, y "cenizas" sobre la tierra, resultado de la reciente erupción del volcán Huayna putina. No era posible cobrar justicia el tributo de la visita anterior, aunque por supuesto los encomenderos trataban de mantener sus ingresos a pesar del daño a los naturales. Muchos de los indios se habían ausentado.

Las primeras páginas de la visita nos muestran todos los problemas con la presión de los encomenderos, la posible colaboración con el corregidor, en este caso el doctor Gonzalo Rodríguez de Herrera, la posición de la iglesia y las penas para evitar el fraude. La visita anterior era la de Pedro de Quirós, a partir del 14 de marzo de 1594.

Finalmente, la visita de Lari urin saya de la encomienda de Alonos Picado empezó el 3 de agosto de 1604. Antes de terminar habían visitado los pueblos de Lari, Maca, Pinchollo, Lluta, Guanca, Madrigal, Tapay y Caylloma. Como en la visita de Yanque urin saya de 1591, editada por Franklin Pease, hay una rica información económica sobre los recursos naturales, incluso hay información abundante sobre todos los elementos de la sociedad, y sus recursos. Por ejemplo, en el ayllu Taype Pataca del pueblo de Tapay, viejas como Zezilia Can¡, de edad de 70, con 2 andenes de maíz lucri en Pallaharana, 2 árboles de lucumas y2 árboles de pacaes (f. 285Y). 0, en el ayllu Curaca Collana del pueblo de Caylloma, un huérfano de 8 años, Miguel Gualpa, con 4 ovejas de la tierra (f. 346). Obviamente el visitador usó como patrón las visitas anteriores del valle, junto con los registros de bautismos y defunciones, proporcionados por orden del obispo del Cuzco, don Antonio de la Raya. En el proceso de terminar la revisita, estando en Cayllorría el 21 de octubre, los curacas y segundas personas de los ayllus recibieron noticia de la necesidad de "recorran sus quipus y memorias y por ellos vean si se les a olvidado y dejado de empadronar algún indio o india de cualquier estado y condición. Cuatro días después, en el pueblo de Lari, los curacas eran notificados que todavía no hubo testimonio de los muertos y varones que habían entrado en edad de tributar. El día siguiente, el 26 de octubre, los curacas juraban que en términos de bienes de la comunidad, tuvieron un molino junto al pueblo de Maca, que compartían con hanansaya. El molino era construido por orden del corregidor Lucas de Callaguas [sic], para pagar los tributos de indios muertos y ausentes. Tuvieron también solares en la ciudad de Arequipa y Cayma, para usar durante los tiempos de servicio de mita de plaza en la ciudad de Arequipa (£ 393r-v). El mismo día los curacas presentaron los nombres de indios «tributarios que parecieron acabado el padrón". Uno de estos era ausente en Majes (f. 396).

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los_incas

Hidefuji Someda: El imperio de los incas. Imagen del Tahuantinsuyu creada por los cronistas. LIMA - PERÚ: Pontificia Universidad Católica del Perú, 2003, 327 p.

RESUMEN

Las crónicas, en su mayoría, son documentos ,apasionados", que están colmados de los sentimientos del escritor, y no es raro que la opinión subjetiva esté escrita como si fuera objetiva. Y como se ve en la descripción acerca de la sucesión incaica, el cronista tendía a escribir informaciones inventadas inconscientemente por sí mismo con conceptos europeos. Incluso hay cronistas, como los toledanos, que compusieron los textos hasta falsificando los hechos, con un objetivo bien político; y otros, como Zárate, que cedieron a la autoridad pública y cambiaron o modificaron su descripción. En este sentido, podríamos decir que las crónicas son un espejo en que se refleja el modo de pensar y vivir tradicional de la España de aquel entonces o las circunstancias políticas del momento.

El problema es que, pasándose por alto estos aspectos, las informaciones anotadas en las crónicas fueron tomadas como verdaderas, como se ve en el mito de los caribes (= antropófagos) y los Trece de la Fama en la isla de Gallo; y que, basándose en ellas, fueron escritas la imagen de los indios y la historia del descubrimiento y conquista. Así, limitándonos a la historia del descubrimiento y conquista, las informaciones transmitidas como verdaderas hasta la segunda mitad del siglo XX, son realmente deformadas dos veces: una vez por los cronistas, y otra por los historiadores posteriores, que escribieron libros sobre dichos temas basándose en las crónicas. Pero, en cuanto a las civilizaciones indígenas del Nuevo Mundo, las informaciones sufrieron deformación no por dos, sino por tres veces, porque para escribirlas había que depender de las tradiciones orales indígenas, y los informantes eran los indígenas. Es decir, la información fue trasmitida de los indios a los cronistas, y de los cronistas a los historiadores posteriores.

Los cronistas tienden a aclarar sus fuentes de información y mostrar su credibilidad usando con frecuencia expresiones como "según dicen los indios...", etc. Pero nunca se puso en tela de juicio el problema de la capacidad del cronista para entender la lengua autóctona o la de los informantes o intérpretes indígenas para entender el castellano. De ello resulta que, aunque sea uno mismo el asunto de que se trata, se ve la diferencia en la descripción según las crónicas, y en estos casos fue tomada por fidedigna la información común. Pero ésta no siempre transmite exactamente la verdad, como se ve, por ejemplo, en la información de que los Incas tomaban por mujer a sus hermanas. Este matrimonio equivalía a incesto, que era escandaloso e imperdonable para los cristianos, y era considerado como una de las costumbres corruptas de los indios, suficiente para legitimar en última instancia la conquista y dominación española en los Andes. 0 sea, la información sobre el matrimonio de los Incas mereció ser transmitida a los europeos cristianos. Dicho en otras palabras, las informaciones que los cronistas consideran dignas de anotar, son las que se refieren a las cosas interesantes, incomprensibles o extrañas que pueden atraer a los lectores; y para éstos generalmente no tiene tanta importancia la credibilidad de las informaciones. Ahí funciona la voluntad de los escritores europeos que siempre intentan establecer una diferencia cultural entre ellos y los indígenas: y de ello resulta que introdujeron falsedades en la imagen del "Imperio de los Incas".

En cuanto a las crónicas que contribuyeron a crear la imagen del "Imperio de los Incas", existe otro problema que no podemos desatender: es que, como hemos indicado, la mayoría de las crónicas fueron compuestas basándose principalmente en las informaciones presentadas por los antiguos nobles incaicos que vivían en el Cuzco. Es así como había de ser transmitido que la dinastía incaica fue la legítima y monárquica que reinaba en los Andes desde el fundador Manco Capac hasta Huáscar Inca. Es decir, se trata de la historia "oficial" de los Incas cuzqueños, y los cronistas transmitieron, exclusivamente, como historia del "Imperio de los Incas" la narrada o inventada por los dominadores (los Incas). Por supuesto, no todas las informaciones fueron inventadas por los Incas dominantes, pero si queremos describir lo más objetivamente posible la imagen del "Imperio" y acercarnos a la realidad del dominio incaico en los Andes, debemos prestar atención a las informaciones de los grupos étnicos sojuzgados e incorporados al "Imperio". En este sentido, son valiosísimas la crónica de Guaman Poma, la de Pachacuti Yamqui y el documento de Huarochirí.

Además, hay otros documentos a los que tenemos que prestar atención en el mismo sentido: son los informes, memoriales o papeles de pleitos que presentaron ante las autoridades coloniales los curacas de los grupos étnicos incorporados al "Imperio de los Incas" a medida que se establecía el régimen colonial; y los documentos locales, es decir, los de las iglesias y los de las visitas, que aprecia tanto Pease, denominándolos "documentos fríos". Sobre todo, las Relaciones geográficas, antología de los documentos de visitas, son datos importantísimos, en que están recogidas valiosas informaciones sobre la historia, la cultura y la geografía de cada lugar del virreinato. Los informes o papeles de los pleitos presentados por los curacas son documentos en los que los grupos étnicos sojuzgados y dominados por el Cuzco mencionan sus méritos y servicios en favor de los españoles para ayudarles a derribar el dominio incaico. Por estos documentos, se ve que no eran pocos los grupos étnicos, que, en cuanto recibieron la noticia de la llegada de los españoles, se ofrecieron por su propia voluntad a colaborar con ellos, por ejemplo los huancas, los cañaris, los chachapoyas y los lupacas, entre otros. Ello quiere decir que el dominio de los Incas no era sólido y homogéneo, por lo que entre los investigadores hay algunos que incluso insisten, basándose en estos documentos, en que el "Imperio de los Incas" fue destruido por los grupos étnicos que los Incas habían conquistado.

De modo que, ahora están indicadas y modificadas la falsedades de la imagen creada del "Imperio", pero ¿es posible pintar la imagen real del "Imperio de los Incas"? Dado que los Andes era un mundo sin letras ni escrituras y que los documentos que escribieron los indios bajo el servero régimen colonial son muy limitados, será muy difícil hacerlo. Sin embargo, excusamos decir que es indispensable e importante esforzarnos en tratar de acercarnos a la imagen real con ayuda de los resultados de las investigaciones arqueológicas y antropológicas, para situar lo más exactamente la historia y la cultura de los andinos en la historia de la humanidad y reconstruir la historia del mundo, alejándonos del eurocentrismo histórico. Y para tal efecto, es necesario releer las crónicas escritas durante el largo período del "Mundo Atlántico", no sólo sobre la civilización incaica, sino también de todas las civilizaciones indígenas, teniendo en cuenta el fondo histórico en que se escribieron esas crónicas, el motivo y el objetivo de los cronistas en su composición y las fuentes de información.

Por supuesto, esta tarea cuesta mucho trabajo y se necesita prudencia para cumplirla, ya que las crónicas tienen una fuerza mágica que induce a los lectores a sacar una interpretación tendenciosa, como lo hicieron los europeos. Esta fuerza se deriva de que los cronistas manipularon a propósito y transmitieron - textualizaron - las informaciones para estimular la curiosidad de los lectores y empujarles al mundo de la imaginación. Es decir que, en todo caso, las informaciones transmitidas suelen tener el poder de provocar en sus receptores una interpretación subjetiva, a menos que tengan algún conocimiento del terna. Por consiguiente, para evitarlo, es necesario recoger muchas informaciones y escrutar la verdad confrontándolas entre sí, sobre todo cuando se trata de entender informaciones deformados. Y las crónicas de los españoles sobre las civilizaciones indígenas son típicos documentos que están llenos de tales informaciones.

Además, es de notar que ahora las crónicas ya no son monopolio de los historiadores, puesto que son un tesoro que nos dejó el primer y gran encuentro o choque de culturas en la historia mundial. De las crónicas se pueden aprender muchas cosas referentes a la comprensión de culturas ajenas o a la percepción del otro. Pero, para ello, el lector debe encontrarse en condiciones de desarrollar un espíritu crítico frente a las informaciones que recibe, o mejor dicho, frente a la época en que vive.

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Santiago Uceda Castillo y Elías Mujica Barreda: Moche. Hacia el final del milenio. LIMA - PERU: Pontificia Universidad Católica del Perú, 2003, 495 p.

RESUMEN

Moche: hacia el final del milenio (en dos tomos), quiere hacer notar que los trabajos que se reúnen en esta obra colectiva es una reflexión de las ciencias arqueológicas que cierran un siglo de investigaciones científicas, que se inició con los trabajos de Max Uhle en 1899, cuando realizara sus trabajos en las Huacas del Sol y la Luna e identificara por vez primera a esta civilización que hoy conocemos como los Moche.

La primera parte, titulada Nuevas investigaciones, reúnen nueve trabajos donde se presentan los resultados de las últimas investigaciones realizadas sobre los Moche, incluyendo uno de Bertha Herrera y Claude Chauchat que no fue presentado en el Coloquio, pero que su interés e importancia nos llevó a incluirlo. Se trata, en resumen, de trabajos que presentan información sobre entierros, arquitectura y secuencias constructivas de edificios públicos y residenciales, asentamientos rurales, caminos y tambos Moche.

La segunda parte, titulada Iconografía e ideología, compila seis artículos. Hay que subrayar que en esta ocasión la diversidad de trabajos presentados hace muy interesante esta sección del libro con relación a lo hecho durante el Primer Coloquio. Los trabajos aquí presentados abordan el tema desde la perspectiva de aspectos tanto simbólicos como sobre la identificación de la divinidad suprema Moche y la iconografía asociada a la arquitectura como un arte litúrgico.

La tercera parte, Análisis e interpretaciones, consta de ocho trabajos donde se analizan e interpretan los nuevos datos desde distintas perspectivas, sea el de la antropología física, zooarqueologica, arquitectura, urbanismo, la ciudad y el Estado moche.

Las reflexiones finales comprenden tres artículos: el primero por Duccio Bonavia y Cristóbal Campana a manera de síntesis crítica de las presentaciones; el segundo por Duccio Bonavia a manera de balance final; y el tercero por los editores del presente libro a manera de reflexiones que sirvan de base para el siguiente Coloquio.




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