Revista electrónica, ISSN 0718-3658
Diciembre de 2025, Año XVI - Nº 60

Revista electrónica, ISSN 0718-3658
Diciembre de 2025, Año XVI - Nº 60

LIBROS NUEVOS

Por el compromiso con nuestros lectores, en la Biblioteca de Antropología Andina (BAA) – IECTA, estamos actualizando constantemente la bibliografía con el objetivo de ofrecer un mayor y mejor servicio a los estudiantes, docentes e investigadores. Para lo cual presentamos algunas de las últimas adquisiciones:

Salar de Surire

María Isabel Manzur
Santiago
Fundación Chile Sustentable
2025
Pág. 40

Este documento ha sido elaborado por Chile Sustentable con fondos de Patagonia Grants. Tiene por objeto dar a conocer las características del Salar de Surire, como asimismo relevar su valor como un patrimonio reconocido a nivel nacional y mundial, como una de las zonas ecológicas más ricas del mundo, con ecosistemas y especies con altos niveles de endemismo.

El documento describe la situación actual del Salar, la situación judicial, las potencialidades de un desarrollo sustentable del territorio amparado por las diversas figuras de protección y presenta propuestas concretas para avanzar en esa dirección.

Esperamos que este documento sea un aporte a la conservación, recuperación y el desarrollo social y económicamente sustentable de la zona del Salar y que pueda apoyar la generación de empleos locales.

Eco-antropología

Horacio Larrain Barros
Antofagasta, Chile
Pampa Negra Ediciones
2024
Pág. 382

PRÓLOGO

¿Qué entendemos por eco-antropología?

¿Por qué nos hemos decidido a publicar este blog? Hemos sentido una imperiosa necesidad de entregar a nuestros exalumnos y exalumnas, jóvenes estudiantes y público culto en general, reflexiones y pensamientos que creemos pueden ser un aporte novedoso en el campo de la antropología cultural. Esta ciencia ha ido asumiendo roles más amplios y se ha ido perfilando como una instancia tanto de reflexión e investigación, como de comentario y denuncia ante la aparente incuria de muchas instituciones sociales que han dejado de lado su preocupación por el medioambiente, olvidando el mandato de nuestra constitución, que exige velar por el derecho ciudadano a vivir en un ambiente sano y libre de contaminación.

La excesiva dispersión de dinero y esfuerzos en innumerables ministerios, secretarías, reparticiones y oficinas públicas, hace cada vez más difícil coordinar esfuerzos en pro de un real mejoramiento de la calidad de vida y, a la vez, de un mejor cuidado y protección de nuestro deteriorado medioambiente.

Creemos firmemente que una visión antropológica, mucho más ligada a la ecología y anclada en una geografía percibida y amada como el “paisaje humano” en el que nos ha tocado vivir y donde hemos hecho “morada” permanente, se abre paso hoy con fuerza, ante la inminencia de situaciones límites a las que nos ha conducido un manejo descontrolado, irracional y a veces suicida de nuestros recursos, sobre todo los hidrocarburos. Esta nueva visión es la que hemos rotulado como la eco-antropología.

Pero antes se hace necesario hacer una breve declaración de principios.

¿En qué creemos nosotros? ¿Cuáles son los principios rectores de nuestro pensamiento? ¿Por qué levantamos hoy nuestra voz de alerta? ¿Qué defectos o fallas percibimos en la manera de entregar hoy, a través de la educación, los conocimientos científicos? ¿Por qué existe tal abrumadora distancia entre la ciencia de los científicos y su entrega concreta mediante la educación? ¿Qué provoca tan fuerte distanciamiento, a veces sideral? Y por fin ¿Cómo podemos contribuir a un diálogo más intenso y cordial entre ciencia, educación y conducta concreta?

Iniciamos este blog con unas citas para nosotros muy iluminadoras, acerca del rol de la científica y el científico educadores en el mundo de hoy. En ellas hemos visto reflejado nuestro propio pensamiento.

La primera, pertenece al gran escritor vasco Miguel de Unamuno. Ella retrata bien nuestro afán por dar a conocer a otros y otras lo que la experiencia y la ciencia nos han enseñado: “Es detestable esa avaricia espiritual que tienen los que, sabiendo algo, no procuran la transmisión de esos conocimientos”. Explícita queda en esta cita una reconvención a las científicas y científicos puros que no intentan enseñar, con lenguaje sencillo, lo que ellos han llegado a conocer y saber. El conocimiento debe ser transmitido a través de la educación. Y si no, ¿para qué sirve?

La segunda, nos la entrega un venerable escritor francés, François Rabelais, quien apuntaba respecto a la responsabilidad que a nosotros nos cabe como científicos y científicas: “Science sans conscience n´est que ruine de l´ame” (“La ciencia sin conciencia, no es más que ruina del alma”). Rabelais apunta sagazmente aquí a algo de mucha actualidad hoy: la responsabilidad ética de quien hace ciencia. No se puede experimentar con cualquier cosa o de cualquier manera, inventar cualquier cosa, aplicar cualquier cosa, sin medir las consecuencias ambientales, sociales y morales de su accionar. El científico y la científica no es un Robinson Crusoe aislado y solitario en una isla recóndita: vive en y para el servicio de la comunidad. Por eso debe tener conciencia social.

Las dos citas anteriores nos hablan de la necesidad de transmitir los conocimientos alcanzados, y de la responsabilidad ética propia del científico y la científica (“conciencia”). Ambas son pilares fundamentales del actuar científico en el mundo, en cualquier tiempo de la historia, hoy más que nunca. Pero estos dos elementos no bastan. El genio alemán Johann Wolfgang von Goethe nos indica que algo muy importante estaría faltando aún: “Es ist nicht genug zu wissen, man muss auch anwenden; es ist nicht genug zu wollen, man muss auch tun” (“No basta saber, también se debe aplicar; no basta querer, también es preciso actuar [hacer]”). Goethe apunta con toda razón a la necesidad de actuar, de obrar en forma consecuente con nuestras ideas. Y aquí viene, a nuestro juicio, la gran falla de nuestro sistema educativo: la brecha entre lo que se sabe y lo que se hace, entre el grupo que detenta el conocimiento científico y el grupo que pone por obra la labor educativa (profesorado) y las políticas concretas (políticos).

Creemos que los pensamientos de estos tres autores nos señalan, en forme precisa y clara, el camino a seguir. Una auténtica persona científica educadora, pues, debe ser fiel a esas tres premisas básicas:

  1. a) Entregar una gama de conocimientos, considerados como ciertos (“científicos”), para que queden al alcance de la mayoría, mediante el uso de un lenguaje accesible y fácil, a todos aquellos y aquellas que tenemos el deber de formar, y a tantos otros que nos quieran escuchar, como nos enseña Unamuno.
  2. b) Ser plenamente responsables tanto ante la sociedad (“responsabilidad social”) como ante la naturaleza de la que formamos íntimamente parte (“responsabilidad ecológica”), como nos exige Rabelais.
  3. c) Actuar en consecuencia, llevando a los hechos mismos, es decir a la práctica (y no solo en teoría) lo sabido y proclamado como verdadero, tal como nos propone Goethe.

Quisiéramos, a través de este blog, ser fieles a estos tres postulados educativos básicos. Ellos serán nuestro norte. Ojalá lo logremos en alguna medida.

Con estos principios rectores in mente, abordaremos nuestra concepción de la antropología y arqueología hoy, en su actuar concreto en una sociedad que, aparentemente, se encamina hacia un colapso si no cambia radicalmente su mentalidad frente al paisaje y a las miríadas de seres que en ellos han hecho su morada, como fruto de una evolución inteligente.

Necesidad de replantear los estudios en antropología (arqueología)

Nuestro objetivo en este blog es derechamente replantear los estudios antropológicos de campo, en arqueología y antropología social, mediante un escrutinio y análisis previo, más profundo, de los recursos y elementos que ofrece el respectivo ambiente natural. Sostenemos que no pocas investigaciones de campo pecan por desconocimiento o examen superficial de los aspectos medioambientales significantes que deben considerarse a la hora de estudiar todas las manifestaciones de una determinada cultura. Porque el grupo humano crea cultura en un ambiente y territorio dado, el cual plasma a la humanidad, así como esta, a su vez, lo va transformando con su presencia y con todas sus actividades de sobrevivencia.

Cómo entender el territorio ocupado por un grupo humano

Este “territorio” es mucho más extenso que su mero lugar de residencia habitual o campamento base; es también toda el área que recorre buscando su alimento, persiguiendo a su caza, o recogiendo estacionalmente los frutos de la tierra, el agua de sus escasas vertientes o los elementos que necesitará para confeccionar su arsenal de caza o las cimas de cerros donde realizará su actividad cúltica o sagrada, o donde depositará a sus muertos. Para los romanos (Varronio) “territorium” es todo el “distrito cercano a la población”, de donde el grupo humano obtiene lo necesario para vivir y en donde realiza todas sus actividades culturales, sociales y económicas. Ese espacio, que el grupo considera como suyo y en el cual ejerce un dominio efectivo preferente, es “su territorio”, en oposición al área de ocupación o influencia de otros grupos.

Espacios de acción que comporta un territorio

Así, todo grupo humano en el pasado poseyó y explotó diversos tipos de espacios: el de caza, el de recolección, el de pesca o marisqueo, el de culto o adoración, el de cantera o explotación mineral, el de ritos de pasaje o, finalmente, el de muerte y sepultura. Pero todos estos “espacios” no tienen por qué ser contiguos o colindantes entre sí, y muchas veces pueden encontrarse muy distantes unos de otros. Y la sumatoria de todos ellos, constituyen una unidad tanto mental como física para su “dueño”. A medida que los grupos humanos van ocupando la tierra, se producen roces y luchas por el acceso al territorio. Hasta que se fijan, de alguna manera, por el peso de la costumbre, sus linderos.

El criterio de “sitio tipo” para la arqueología: esbozo de crítica

Siendo un territorio, por lo aquí señalado, un conjunto de espacios de los que el grupo social se sirve para sus necesidades, el criterio del “sitio-tipo” de la arqueología del pasado parecería distorsionar gravemente esta rica diversidad tanto paisajística como ecológica o productiva, fruto de su permanente actividad en movimiento. Amenazaría con minimizar la presencia y acción de la vida cultural, máxime en el pasado remoto, anterior al sedentarismo, cuando las comunidades para sobrevivir se vieron urgidas a visitar y explotar muy diversos nichos de vida o recursos básicos, de acuerdo a las necesidades sentidas en el momento.

Mientras más antiguo es el poblamiento, más amplio parecería ser su radio de acción, su movilidad y su capacidad migratoria, sobre todo en un hábitat de recursos escasos (desierto), como es el caso del norte de Chile, patria de etnias altamente móviles que transitaban incesantemente a través de espacios enormes.

La técnica actual de las prospecciones arqueológicas: su talón de Aquiles

Por lo tanto, la técnica de la mera “prospección” por parte de los arqueólogos y arqueólogas de una determinada porción de territorio contiguo (costero, de pampa interior o de altiplano), bien poco nos puede decir acerca de la real magnitud, superficie real y/o área de control de su actividad creadora de cultura, la que teóricamente puede extenderse por cientos de kilómetros en una transecta este-oeste (a través de valles o montañas) o, igualmente, en una extensa dimensión norte-sur. El concepto antiguo de “territorio” de las etnias poco o nada tiene que ver con el actual, sujeto a fronteras estrechas y a límites arbitrarios definidos por los mapas.

La morada del grupo humano ancestral y el control de diversos pisos ecológicos

Un excelente ejemplo de lo que venimos afirmando nos es dado por la cartografía histórica colonial y lo tenemos explicitado y confirmado en el “control de diversos pisos ecológicos”, estudiado y propuesto como teoría de poblamiento por el etnohistoriador norteamericano John Murra. Esta forma de “territorio insular” o “archipiélago vertical” -como lo ha llamado el propio Murra- queda corroborado explícitamente por una copiosa documentación etnohistórica de los siglos XVI y XVII en el sur peruano (Chucuito) y norte chileno (Chiu Chiu, San Pedro de Atacama o Tarapacá).

Necesidad de una relectura ecológica de antiguos documentos

Se hace urgente, por lo tanto, una “relectura y reflexión arqueológica” atenta de estos testimonios antiguos de desplazamientos étnicos, que nos arrojan las visitas coloniales o los certificados de bautismo, matrimonio o defunción, de las antiguas parroquias católicas de los siglos XVII y XVIII.

Prospecciones y conclusiones sobre el poblamiento humano

Esta suma de antecedentes nos hará ser sumamente cautos al momento de sacar conclusiones precipitadas sobre la base de “prospecciones” de segmentos predeterminados de territorio actual (costa, pampa o precordillera). Tales prospecciones aceleradas de espacios físicos previamente establecidos en laboratorio, solo nos pue den arrojar fotos muy parciales y fácilmente sesgadas de una realidad que, sobre todo en el período Arcaico Temprano, se caracterizó por una extrema movilidad de los grupos humanos, a causa de la escasez alimentaria, la deficiente tecnología de caza o recolección, o los imperativos de los climas locales o regionales.

Enfoque eco-antropológico y territorio étnico

Este enfoque eco-antropológico que aquí propiciamos supone, de necesidad, el conocimiento íntimo y la valorización de todos los elementos que componen los diferentes paisajes geográficos o ecosistemas, parte integrante de un mismo territorio étnico, en sus vertientes climática, geomorfológica, biogeográfica, biológica y ecológica. Tal territorio pasa a ser, por esencia, por así decirlo, pluridimensional, pluriespacial. Y ciertamente sobrepasa los exiguos límites de un yacimiento determinado.

Multiplicidad de parámetros que comporta la morada humana

En síntesis, examinando trabajos arqueológicos actuales, nos queda la sospecha de que algunos antropólogos y antropólogas no conocen o no valoran suficientemente la multiforme diversidad de parámetros geográficos que hacen a una cultura ancestral autosustentable en un amplio y dilatado escenario físico natural. Por eso el f irme y decidido acento en lo ecológico y en lo geográfico propio de este enfoque. Si no logramos penetrar en la geografía y biogeografía de las comunidades del pasado, reflejada en “mapas” de su actividad y movilidad, muy diferentes a los actuales que nos ha impuesto el forzado sedentarismo urbano o pueblerino, nunca llegaremos a entender las formas antiguas de ocupación del espacio.

Estrecha relación entre ecosistema y comunidad humana

Además del concepto totalmente distinto de territorio como morada de la humanidad del pasado, que debemos aprender a manejar, la relación entre ecosistema, flora, fauna y comunidad humana es mucho más íntima de lo que se suele destacar comúnmente. En este sentido, cada brizna de información ambiental, cada retazo de información dada por pobladores de sitios similares (en el pasado remoto o cercano), contribuye poderosamente a enriquecer el cuadro del comportamiento humano en dicho ecosistema, arrojando un nuevo haz de luz sobre el mismo. Y, viceversa, cada aspecto ambiental que se desconoce, se omite o se conoce insuficientemente, automáticamente pasa a ser una rémora y obstáculo para la “reconstrucción” de la totalidad del medio ambiente real en que vivieron las comunidades antiguas, tal como deben realizarlo la antropología.

Perspectiva eco-antropológica de los grandes maestros del pasado

Por esta misma razón, hemos intentado rescatar en este blog el legado de antiguos maestros: geógrafas, etnólogos, antropólogas, arqueólogos o naturalistas, con y sin título universitario, del pasado reciente o más antiguos, que en sus escritos nos han mostrado en detalle el medioambiente de su época: suelos, clima, flora, fauna en su íntima relación con la comunidad humana. Ellos y ellas “han tenido ojos y oídos” para la naturaleza y, a través de sus escritos, nos han enseñado a entenderla y “leerla” en su integridad. Ellas y ellos nos han transmitido que las comunidades construyen cultura sobre la base de “todo” el ambiente natural circundante, insertándose en él, utilizándolo y haciendo simbiosis con este.

Los antiguos relatos: fotografía momentánea de la actividad humana en su paisaje geográfico

Muy especialmente valiosos en este sentido, son los relatos de viajeros o etnógrafos del pasado que fueron testigos de la actividad creadora de cultura de los grupos altamente móviles o nómadas de su época, cuando aún seguían sus patrones antiguos de desplazamiento territorial, a través de distancias no pocas veces enormes. Cuando estos relatos nos aportan fotografías costumbristas tomadas in situ, como es el caso del geógrafo Isaiah Bowman, o pinceladas pictóricas, como nos trae León Pallière o Rodulfo Amando Philippi, para el caso del desierto de Atacama, o el propio William Bollaert para la provincia de Iquique, el testimonio se enriquece de modo considerable, abriéndonos a panoramas culturales insospechados. El sacerdote Martín Gusinde S.V.D., en su obra Die Feuerland Indianer (Los indios de Tierra del Fuego), publicada entre 1931 y 1939, o Lucas Bridges, el hijo del misionero anglicano Thomas Bridges, en su sabroso relato Uttermost Part of the Earth (El último confín de la tierra) de 1950, son una muestra de la capacidad descriptiva, apoyada por la fotografía en terreno, reveladoras, en ambos casos, de su amor por los indios y su percepción del paisaje circundante.

Etnología y perspectiva arqueológica: el caso de los tehuelches

En el caso concreto, por ejemplo, de los tehuelches o aonikenk, indios pampas de la Patagonia argentina y sur chilena, cuya extrema movilidad nos abisma hoy, su increíble capacidad de desplazamiento por extensos territorios era parte normal de su vivir nomádico. ¡Cuánto tenemos que aprender todavía de la etnografía y etnología comparada nosotros los arqueólogos y arqueólogas! En tales grupos tenemos un pálido espejo de lo pudo ocurrir varios milenios antes, en el dilatado desierto interior o en la extensa costa árida del norte chileno, cuando la vida humana trataba de sostenerse en un medio escaso en agua y en alimentos.

Geógrafos de antaño: revalorizando antiguos cronistas

También hemos querido en este blog analizar con el mismo prisma eco-cultural ciertas obras, descripciones o mapas de brillantes personajes del pasado, como es el caso de Antonio O´Brien, cartógrafo español del siglo XVIII. Obras que nos deslumbran hoy con su perspicacia para hacernos entrever la amplitud del paisaje cultural de su época, perceptible a través de las vías de comunicación, su geografía y su flora nativa, descritos prolijamente en sus notables planos, o en sus acuciosas descripciones.

Perspectivas históricas a-geográficas y a-ecológicas. Crítica a una historia que no es verdadera historia

Hemos sido acostumbrados por la mayoría de los historiadores e historiadoras a ver en tales “descripciones” espejos de una realidad de época, trasunto de un modo de vida dado “aquí y ahora” (hic et nunc), resabio de una realidad política o social dada.

Es nuestra firme convicción de que debemos dar un paso adicional e incorporar audazmente y sin miedos la visión de la geografía, de la biogeografía, de la etnohistoria, de la biología, de la antropología de campo. Esta es mucho más rica y cautivadora de lo que nos transmiten muchos historiadores, generalmente ávidos de mostrar “lo que realmente sucedió” y “tal como sucedió” en su momento, o, tal vez, “por qué sucedió”. Falta a nuestro juicio agregar el “cómo sucedió”, “dónde sucedió” y “en qué circunstancias geográficas, climáticas, ambientales y ecológicas”. Esto es, precisamente, lo que los historiadores e historiadoras casi nunca nos ofrecen. Y por ello su visión, no pocas veces, peca de manca y coja.

En suma, hace falta escudriñar, en todos sus aspectos, la pluridimensionalidad de la morada humana. Falta, en consecuencia, conocer más a fondo la morada antigua total del poblador y la pobladora, su amplio y dilatado territorio. Ojalá aproximarnos, en cuanto nos sea posible, a su “percepción” del territorio. Tarea titánica pero no del todo imposible si aplicamos a este análisis la conjunción de variadas ciencias humanas y del espacio. Y esta percepción que se abre a otras ciencias, incorporando su rica visión particular y propia, suele escapar al ojo del historiador y la historiadora común. Que nos perdonen, pero esta es la percepción nuestra, venida desde otras disciplinas del conocimiento del vivir y del actuar de la humanidad como grupo social en el planeta Tierra. Y estamos seguros que este proceder nos acerca mucho más al verdadero “historein”, en el sentido profundo de los griegos.

Re-descubriendo antiguos observadores de la morada del ser humano

Por tales razones, nos parece descubrir en algunos eminentes personajes del pasado (geógrafas, biólogos o antropólogas o simples descriptores de época o naturalistas) un tratamiento especial que reconocemos aquí como eco-antropológico. Por esto, a ellos les hemos querido dar -y creemos con sobrada razón- el rótulo de pioneros de una eco-antropología.

Horacio Larraín Barros

Colonialismo en América. Prácticas, imaginarios y resignificaciones. Siglos XVI-XXI

Andrea Armijo Reyes
Xochitl Inostroza Ponce
Maximiliano Salinas Campos
Santiago
Editorial Universidad de Santiago de Chile
2024
Pág. 210

PRESENTACIÓN

Maximiliano Salinas
Departamento de Historia, Universidad de Santiago de Chile

En este volumen presentamos una serie de estudios sobre la larga historia colonial en América. La iniciativa la toma el seminario permanente Repensando lo colonial en América, siglos XVI-XXI del Departamento de Historia de la Universidad de Santiago de Chile. El seminario invita a reflexionar la experiencia colonial no circunscrita al tiempo de la época monárquica ni tampoco al espacio de un particular territorio específico de nuestro continente. Se trata reflexionar de modo permanente sobre la experiencia colonial en todo el territorio americano, considerando que los procesos de colonización superan los marcos temporales con los que tradicionalmente se ha entendido. Interesa el diálogo con las propuestas provenientes de los estudios coloniales, subalternos y poscoloniales. Particularmente, el seminario quiere aportar al desarrollo de una historiografía colonial desde el enfoque social y cultural; discutir con las visiones tradicionales y positivistas con las que se ha entendido el proceso colonial; contrarrestar los discursos eurocéntricos sobre lo colonial; abrir nuevas perspectivas que discutan teorías, métodos y fuentes en su abordaje sobre lo colonial; dar cuenta de los procesos colonizadores  que se mantuvieron en el continente a partir de la creación de los Estados nacionales; abordar los temas de género, tanto en investigación como en reflexión teórica; instalar la reflexión colonial y decolonial sobre la tierra como espacio de ocupación y conquista; desarrollar perspectivas transdisciplinarias; y generar una instancia académica con la participación de estudiantes de pre y posgrado en relación a los estudios coloniales interdisciplinarios.

En enero de 2022, el seminario permanente organizó un primer encuentro internacional bajo el título Repensando lo colonial en América (ss. XVI-XXI), con la participación de ocho especialistas: José Quidel, del Centro de Estudios para la Salud Ta Iñ Xemotuam, Alberto Harambour de la Universidad Austral de Chile, Enrique Antileo, de la Universidad de Chile, Fernando Pairican, de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Sarah Albiez-Wieck, de la Universidad de Colonia, Alemania, María Marsilli, de John Carroll University, Estados Unidos, María Elisa Velásquez, del Instituto Nacional de Antropología e Historia, México, y, finalmente, Eduardo Franca Paiva, de la Universidad Federal de Minas Gerais, Brasil. El encuentro internacional dio a conocer el interés del Departamento de Historia de la USACH en promover la investigación científica sobre la experiencia colonial en nuestro continente, lo que nos ha llevado a proponer este libro a las y los participantes del seminario, incluyendo a organizadores, ante la necesidad de dar mayor espacio a la historia colonial en el diálogo historiográfico, en este sentido amplio que se ha propuesto. La invitación fue a repensar nuestros propios temas, a mirarlos desde esta perspectiva colonial y colonialista desde la que realizamos nuestra propia labor interpretativa.

Este volumen recoge las investigaciones de María Marsilli, “¿Indias putas, indias conquistadoras, indias conquistadas? Análisis para una reflexión sobre el rol de las mediadoras indígenas en la creación de imaginarios nacionales: La Malinche y Pocahontas en la historiografía moderna estadounidense”, Eduardo Franca Paiva, “Mestiçagens na Ibero-América, entre os séculos XVI e XIX: definições, empregos e historicidades dos conceitos – o caso do designativo branco” y el estudio inédito de Fernando Pairican, “La política indígena de los Gobiernos Conservadores y la resistencia mapuche: seducción, imaginario, disciplinamiento y rebelión 1818-1852.

Se agregan los aportes de integrantes de nuestro seminario permanente. Andrea Armijo da a conocer su investigación “Dinámicas del mestizaje e identificaciones socio-raciales en Melipilla. Estudios de los registros parroquiales de la iglesia de San José, 1710-1810”.  Xochitl Inostroza, junto al profesor Jorge Hidalgo, del Departamento de Ciencias Históricas de las Universidad de Chile, ofrecen su investigación “Mitas en Arica, Tarapacá y Atacama: formas de trabajo indígena en el Sur andino colonial”. Pedro Canales contribuye con su estudio “Colonialismo en América Latina/Abya Yala: pueblos y movimientos indígenas en debates del siglo XX”. Se agrega el ensayo de nuestra autoría “La arqueología del blanco perfecto y las formas de la colonización en América”.

Queremos contribuir a repensar lo colonial a todo nivel. En el campo de las prácticas, los imaginarios, y, con gran interés, en las resignificaciones a partir del conjunto de sujetos involucrados en un proceso histórico que se inició con la expansión transatlántica europea en el siglo XVI, y que llega hasta nuestros días.

Integramos una reflexión global en curso. Los estudios sobre el colonialismo en América son cada vez más atingentes. En sus detalles más decisivos, como en sus panoramas más esclarecedores. Las miradas étnicas, políticas, sociales, de género, se entrecruzan para explicar, desde múltiples perspectivas, un movimiento que importa a nuestra humanidad más próxima e íntima. La crisis del pensamiento eurocéntrico invita a recoger importantes desafíos epistémicos, ético-políticos y lingüístico, como apuntó Elisa Loncon en su discurso de celebración del 77° aniversario de la Facultad de Humanidades de la USACH (2021).

Agradecemos al Departamento de Historia de la USACH poder ofrecer esta visión compartida.

Santiago, octubre de 2022

Roberto Montandon y la Conservación del Patrimonio Chileno

Soledad Valdivia Ávila
Carolina Miranda San Martín
Valparaiso, Chile
Almendral Impresores
2022
Pág. 265

PRESENTACIÓN

La restauración profesional y consciente del patrimonio arquitectónico como disciplina, es relativamente reciente en nuestro país, pero tiene sus precedentes en los acuerdos internacionales sobre la materia y en la primera legislación de 1925. No obstante, en estos casi 100 años, se ha perfilado principalmente una labor de protección del patrimonio nacional, en términos de su registro y declaratoria, acción básica de salvaguarda de obras de valor histórico y simbólico, y propias de cada lugar, considerando, además, su alta vulnerabilidad en un contexto geográfico azotado por recurrentes sismos.

En este marco, surge la figura de Roberto Montandon como un personaje protagonista, cuya experiencia profesional, trabajo sistemático y capacidad de divulgación, además de su deslumbramiento por nuestra geografía, fueron claves para iniciar una historia de la Restauración en Chile tal como se da cuenta en este libro, producto de una extensa investigación de las autoras.

La escritura y lectura de este estudio cobra mayor relevancia cuando vemos que, en estos días, se ha aprobado la solicitud para declarar la “Colección Roberto Montandon Paillard” como Monumento Histórico. En dicha instancia el Consejo de Monumentos Nacionales expuso:

La colección da cuenta de uno de los esfuerzos más significativos de la segunda mitad del siglo XX en Chile por identificar, documentar, proteger y poner en valor el patrimonio cultural de nuestro extenso territorio; transformándose en un importante referente para nuestro legado cultural. Asimismo, son parte de la materialidad que atestigua los esfuerzos editoriales que tuvieron como objetivo transmitir a la población las riquezas que encierran los monumentos de Chile.

Si bien, el aporte documental de Roberto Montandon es indudable, su faceta menos difundida en términos arquitectónicos, es la de restaurador de monumentos históricos. Paradójicamente, sin ser arquitecto se convirtió en especialista, formando y guiando a otros conservadores en sus proyectos.

Tal como se manifiesta en este libro, además de su condición de explorador, la visión metodológica arraigada en su formación suiza, de ingeniero agrónomo, se refleja en los procedimientos y la sistematicidad con la que llevó adelante todos sus desafíos. Fue capaz de observar, registrar, describir, ordenar, jerarquizar y estructurar las diferentes propuestas y encargos laborales, incluso superando la barrera idiomática. Eso mismo ha permitido que se pueda ordenar y conservar de buena forma su colección documental, como su producción fotográfica y escrita.

Esta valiosa fuente documental se convierte en la materia prima que da origen a este libro, el cual tiene su origen en un interés personal de Soledad Valdivia Ávila, por investigar a Roberto Montandon y su legado.

La arquitecta, luego de realizar un periodo laboral en el Departamento de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas, en Santiago de Chile, pudo vincularse con un sinnúmero de documentos y fotografías almacenadas en el archivo de la institución, impulsando la idea de profundizar y dar cuerpo a esta curiosidad por el trabajo de Montandon en el área de la restauración de monumentos.

Desarrolló este campo de estudio primero, en una investigación financiada por FONDART, donde invita a la historiadora Carolina Miranda a participar en este cometido, luego, prosigue su indagación hacia el desarrollo de su Tesis Doctoral en la Universidad Politécnica de Madrid. Ambas instancias permitieron realizar un importante procesamiento de datos inéditos, como también, entrevistas a personajes claves que compartieron ámbitos profesionales o de amistad con Roberto Montandon.

Así, este libro nos plantea tres visiones del personaje y su legado, como resultado del estudio.

La primera parte, tiene relación con aspectos biográficos familiares de Montandon y su llegada al país, y más relevante aún, la forma en que se va posicionando, ganando espacio y vinculando con notables personajes de la historia y cultura chilena de la época. Tal como se da cuenta, paulatinamente se incorporó al mundo intelectual santiaguino y mantuvo contacto con algunos referentes regionales. Todos ellos fueron durante ese periodo (década del 40 al 70), artífices de las configuraciones institucionales de un Estado en formación. Montandon integró la Dirección de Turismo, el Consejo de Monumentos Nacionales (CMN), la Universidad de Chile, la Academia Chilena de la Historia y el Ministerio de Obras Públicas (MOP), entre otros. Su trayectoria da cuenta del empeño y profesionalismo de quien se inicia como empleado para culminar su vida profesional como experto, recibiendo el reconocimiento y diferentes distinciones por su labor cultural en el país que los acoge.

La segunda parte, es la visión de Montandon explorador, un extranjero que indaga y descubre nuevos territorios, relata sus impresiones utilizando el registro documental y la publicación de sus artículos, buscando divulgar el perfil de una identidad nacional. Se esfuerza por destacar los paisajes, las culturas y las obras arquitectónicas o artísticas de las diferentes zonas geográficas de Chile. En este sentido, él tiene un enfoque propio del desarrollismo de postguerra, vinculando permanentemente el potencial de los recursos y culturas locales de cada territorio a la implementación de infraestructura apropiada al mercado del turismo y la educación de las comunidades, de este modo potenciar las actividades y servicios turísticos. No obstante, este texto también deja ver su preocupación permanente por la conservación del patrimonio natural, especialmente por los bosques nativos del sur de Chile.

La tercera visión es la de Montandon conservador y restaurador, que es la menos difundida fuera del ámbito del MOP y CMN. Las autoras del libro plantean una Tesis, señalando que este personaje, además de todo lo mencionado previamente, es precursor de la restauración consciente en nuestro país, y de ello da cuenta el último capítulo del libro, presentando y describiendo los trabajos realizados para la conservación de los monumentos históricos, de la zona norte y sur de Chile. En equipo con otros profesionales y técnicos especialistas, trabajó en el pucará de Lasana, en las iglesias andinas y chilotas, y en las fortificaciones de Valdivia. Al llevar adelante estos proyectos, Montandon se planteó los problemas propios de los criterios y las técnicas de intervención, como también los alcances, implicancias y limitaciones de las reconstrucciones. La condición arqueológica de las obras y su estado de conservación, en oposición a las posibles lecturas y comprensión de los atributos históricos, sociales y simbólicos, fueron parte de los argumentos que debatió y le permitieron tomar decisiones. Por otra parte, el relato de su actuar, da cuenta de la importancia que le confirió a los equipos de trabajos y la especialización del arquitecto, capaces de asumir las responsabilidades y llevar adelante las faenas, en algunos casos en condiciones adversas.

Luego de la lectura del libro se comprenden las reiteraciones de un constructo en el tiempo, sus trabajos finales son producto de múltiples aproximaciones y exploraciones a los sitios en diferentes instancias de la vida. Exploraciones, búsquedas y motivaciones secuenciales van tejiendo un conocimiento cada vez más detallado, emprendiendo proyectos y desafíos personales. El ingeniero, al igual que otros de la época, se nutrió y especializó en su doble condición personal, de extranjero vinculado al acontecer del mundo europeo y americano, y con su vida y relaciones radicadas en Chile.

Así pues, Montandon se inició en el amplio espectro del registro del paisaje natural y culminó, en el detallado y cuidadoso proceso para la conservación de los Monumentos Históricos.

Dra. Arq. Claudia Torres Gilles

Académica del Departamento de Arquitectura y Coordinadora del Magíster en Intervención del Patrimonio Arquitectónico de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile.

La memoria utópica del Inca Garcilaso. Comunalismo andino y buen gobierno

Alfredo Gómez-Muller
Santiago
LOM Ediciones
2021
Pág. 386

PRÓLOGO

Pocas obras en la historia de las ideas sociales y políticas han tenido un impacto tan duradero y profundo como los Comentarios Reales del Inca Garcilaso de la Vega. Publicados por primera vez en 1609, los Comentarios suscitan desde finales de ese siglo el interés de reformadores sociales que buscan soluciones a la miseria extrema que afecta a gran parte de la población del continente europeo. En el siglo XVIII devienen una referencia mayor del debate político y cultural en Francia, mientras que en América son leídos por Túpac Amaru, el líder de la mayor insurrección indígena de la época colonial, y prohibidos en 1782 por el rey de España luego del fracaso del movimiento, a fin de que los naturales del país queden “sin ese motivo más de vivificar sus malas costumbres con semejantes documentos”. En el siglo siguiente y en el contexto de la tragedia social implicada por la “revolución industrial” europea, el “Perú de los Incas” descrito por el Inca Garcilaso es utilizado como un importante referente histórico para la elaboración de nuevas teorías sociales y de la idea moderna del “socialismo”. Asimismo, los Comentarios Reales están presentes, explícita o implícitamente, en la conocida discusión sobre el “socialismo inca” (o el “comunismo inca”) que se desarrolla en Europa y América Latina durante más de medio siglo –de la década de 1880 a la de 1930. Independientemente de su pertinencia o no como categorías históricas, estas nociones contribuirán al diseño de ideas y prácticas políticas muy diversas, que anuncian tareas contemporáneas como la crítica (pos)colonial y la construcción de nuevos modelos de justicia social.

El impacto singular de los Comentarios Reales, a través del tiempo, se relaciona ante todo con su contenido ético-político y en particular con la temática del “buen gobierno” desarrollada esencialmente en el libro quinto. La sociedad andina descrita por el Inca Garcilaso no era sin duda un paraíso terrenal, pero ofrecía ciertamente un modelo de “buen gobierno” basado en una concepción de la justicia redistributiva y de la justicia social mucho más avanzada de la que existía por entonces en la realidad europea. Según las descripciones del Inca Garcilaso, el principio implícito que sustenta esa concepción sería el reconocimiento de la responsabilidad social, política y ética de atender la menesterosidad y la vulnerabilidad constitutivas del ser humano. Se trata de un principio común o “universalista”, según el cual todos los miembros de la sociedad deben disponer de lo necesario para poder vivir humanamente. Concretamente, este principio se traduce en “leyes” que rigen tanto en el plano de la vida comunal (la “ley de hermandad”) como en el plano “estatal” de las relaciones entre el poder central y los diversos niveles de comunalidad (la “ley común”). La asociación de ambas “leyes” sustenta la “ley a favor de los pobres”, que es tal vez la que más impactó el imaginario social europeo, ya marcado por las descripciones que un siglo antes hiciera Tomás Moro de lo que debería ser un “buen gobierno”: un gobierno que busca en primer lugar regular el trabajo en función de las necesidades del pueblo (necessities of the public), por medio de “leyes de distribución de todas las cosas”. La tarea económica central del “buen gobierno” de Utopía es asegurar que los depósitos públicos sean permanentemente abastecidos, de manera que “a nadie le falte nada”. En esto, las descripciones del Inca Garcilaso se entrelazan con las de Moro, sirviendo, de manera deliberada o no, de mediación entre europeos del siglo XVI y europeos del siglo XVIII.

El significado crítico de los Comentarios Reales y su propuesta implícita, a la vez política y cultural, de reconstrucción de lo social sobre la base de una concepción avanzada de la justicia redistributiva, despertará interés, entusiasmo y esperanza en muchos, pero también recelo, hostilidad y detestación en otros. En el siglo XVIII autores como Raynal, Genty y Robertson consideran que la existencia de instituciones de bienestar público y la ausencia de propiedad privada en la sociedad incaica, descritas por el Inca Garcilaso, son prueba de su barbarie y de su incapacidad de progresar por sí misma, con lo cual pretenden legitimar la empresa colonial y “civilizadora” de Europa. A partir de finales del siglo XIX otros escritores propagan un discurso de descalificación pura y simple de los Comentarios Reales y de su autor, a quien acusan de “engaño”. De este discurso el español Menéndez y Pelayo ofrece el ejemplo tal vez más característico, al afirmar categóricamente que los Comentarios Reales no son más que “una novela utópica como la de Tomás Moro, como la Ciudad del Sol de Campanella”. Utilizando el término utopía en el sentido vulgar e ideológico que opone la utopía a la “realidad”, asimilando lo utópico a la mera y arbitraria ficción, el conservador español sostiene que la obra del Inca Garcilaso expresa simplemente una “ilusión filantrópica”. Por su parte, otros comentaristas pretenden que el interés que despierta la obra en muchos europeos se reduce a un repentino y caprichoso gusto por el “buen salvaje”, el “exotismo” o el “primitivismo”, según las superficiales y perezosas etiquetas que una cierta historia literaria y de las ideas repite incansablemente desde hace más de un siglo. Etiquetas por lo demás cargadas de un fuerte contenido etnocentrista y esencialista que delimita “fronteras” intemporales y absolutas entre las culturas, y que en este caso presenta a los incas como seres “alejados de la cultura occidental”. Y, en el extremo opuesto de la simplificación, algunos ideólogos en la América llamada “Latina” han pretendido, a partir de una lectura superficial de su vida y obra, que el Inca Garcilaso habría “justificado” la invasión de América, y que al emigrar a la metrópoli colonial se habría “españolizado”. Pero entonces, ¿por qué su obra fue prohibida en América por el rey de los españoles?

El relato historial del Inca Garcilaso –la expresión es suya– sobre el “buen gobierno” de los Incas poseía un profundo significado político, que no pasó inadvertido al poder colonial. Su reivindicación de la cultura incaica era ya un gesto político de respuesta a la política de la “tradición imperial” (Brading) española de desvalorización sistemática de lo incaico y de lo “indígena” en general. Su descripción de un “buen gobierno” incaico que aseguraba a todos sin excepción un cierto nivel de bienestar, y su comparación implícita del tiempo pasado con el presente colonial de desamparo y de violenta apropiación privada y acumulativa de la riqueza social, tenían indudablemente un efecto desestabilizador para el poder colonial. Por otro lado, el pensamiento político y social expresado en el relato historial del “buen gobierno” incaico disponía de una consistencia histórica que no había tenido, por ejemplo, el pensamiento político y social expresado por Moro en Utopía. La política del Inca Garcilaso se apoyaba en la experiencia andina de otra política, inventada en un contexto cultural, social y económico bastante distinto del europeo. En su descripción del carácter “otro” de esa política se mezclan, no obstante, elementos históricamente verdaderos y elementos puramente imaginarios. A contracorriente de un cierto relativismo “posmoderno” o “decolonial”, partimos de la convicción que es posible deslindar lo verdadero históricamente de lo meramente imaginario. Tenemos por verdadero históricamente aquello que puede ser establecido como un hecho a partir de un determinado sustrato “material” que comprende datos y “archivos” (Ricœur), y que constituye la base del trabajo de interpretación. La invasión europea de “América”, por ejemplo, es una verdad histórica, que puede ser interpretada diversamente. Hay elementos del relato historial del Inca Garcilaso que son meramente imaginarios: por ejemplo, la aseveración según la cual las sociedades preincaicas carecían de todo saber, o la aserción de que fueron los Incas (la autoridad político-religiosa de los incas) los creadores exclusivos de las reglas de justicia redistributiva aplicadas en el Tawantinsuyo. Pero hay, asimismo, elementos del relato historial del Inca Garcilaso sobre el “buen gobierno” de los Incas que, a partir de los datos proporcionados por la investigación histórica y antropológica contemporánea, pueden ser considerados en el día de hoy como elementos constitutivos de la experiencia política y social del antiguo Tawantinsuyo.

Contrariamente a lo que afirmaban en su tiempo autores como Cunow y Murra, hoy sabemos que el “Estado” del Tawantinsuyo asumía, en efecto, funciones de “bienestar social”. Superando la dicotomía entre los espacios de lo “estatal” y de lo comunal (el espacio del ayllu), que era la base de las interpretaciones de Cunow, Murra y sus seguidores, la investigación contemporánea ha establecido que las estructuras comunales de redistribución y de reciprocidad constituían la base de la institucionalidad “estatal” del Tawantinsuyo. Basadas en un sistema de dones y contra-dones, las reglas comunales definían el marco común de valores y significados que delimitaba lo social y culturalmente aceptable por los subalternos y, por lo mismo, que fijaba los límites de la desigualdad social. El reconocimiento social de deberes de todos hacia todos, determinados por la vulnerabilidad de los humanos y su necesidad de alimento, vivienda, vestido, etc., definía tales límites. Sin duda la élite gobernante se apropiaba de una parte del excedente producido por el grupo subalterno, pero estaba obligada a “devolver” a este una parte del “don” de trabajo por medio de “contra-dones”, esto es, redistribuyendo entre los subalternos una parte significativa del producto de su trabajo (Wachtel). El Inca tenía la obligación de “donar” una serie de bienes materiales y simbólicos a toda la población del Tawantinsuyo y, en particular, como lo señalan los Comentarios Reales, debía atender las necesidades materiales de los más vulnerables. A los grupos subalternos se les aseguraba lo necesario para vivir, modesta o pobremente, pero nunca en la miseria expuesta a la inminencia de muerte por hambre o por frío, en la soledad y la indiferencia general. Las hambrunas recurrentes y la extrema indigencia que azotaban a los más pobres en Europa en la misma época, eran desconocidas en la sociedad incaica. Esta es la diferencia ética, política y cultural, que el Inca Garcilaso pone de relieve, entre la sociedad incaica prehispánica, regida por el principio de atención universal a la menesterosidad humana, y la sociedad colonial que tiende a sacrificar la vida en general, incluyendo la de muchos colonizadores, en aras del deseo individualista de poseer más y de dominar más.

Los conocimientos contemporáneos sobre la antigua sociedad incaica permiten, pues, corroborar y reinterpretar una serie de elementos del relato historial del Inca Garcilaso sobre el “buen gobierno” de los Incas. Sin embargo, para el propósito principal de este libro, que es el de establecer la presencia de la referencia inca-garcilasiana en el seno de largas memorias “utópicas” que en Europa y en América “Latina” han contribuido a lo largo de los siglos a la renovación de las prácticas y teorías políticas y sociales, la cuestión de la índole “verdadera” o “ficticia” de las descripciones del Inca Garcilaso reviste un carácter accesorio. Lo principal, desde la perspectiva indicada, es considerar la manera como esas descripciones han sido interpretadas y utilizadas política y socialmente, en contextos históricos y culturales muy variados. En particular, lo que interesa mayormente aquí es el significado “utópico” de la referencia inca-garcilasiana, su aporte a la incesante reconfiguración de memorias críticas que, desde la “comunidad de bienes” de Morelly hasta las diversas formas del socialismo, del comunismo y del anarquismo que emergen en el siglo XIX europeo, han contribuido a diseñar modelos alternativos de sociedad orientados por un principio redistributivo de raigambre andina: “a cada cual según sus necesidades, de cada quien según sus capacidades”. Solo accesoriamente, y con fines de contextualización histórica, se abordan aquí algunos aspectos de la recepción “conservadora” de la obra del Inca Garcilaso. La diferenciación conceptual entre lo “conservador” y lo “utópico”, así como el uso de la expresión memorias de utopía o memoria utópica, parten de la distinción fundadora establecida en 1905 por Gustav Landauer entre lo “tópico” y lo “utópico”, desarrollada posteriormente por las teorías de la “utopía” y de la “ideología” elaboradas por Karl Mannheim (1929) y Paul Ricœur (1997).

Desde la perspectiva teórica de estos autores, la utopía y la ideología (o lo “tópico” en Landauer) son construcciones sociales específicas que aseguran una determinada función práctica en la vida de las sociedades, delineando formas específicas de relacionarse con el mundo y de orientarse en él. La orientación práctica utópica se caracteriza invariablemente por “torpedear” (sprengen) un determinado régimen de poder establecido, mientras que la orientación ideológica tiende a su reproducción; es pues en referencia a lo político que Mannheim distingue “la conciencia utópica de la conciencia ideológica” (Mannheim: 159). Esquematizando esta diferencia y explicitando su dimensión política, Ricœur anota que “la ideología es siempre una tentativa de legitimación del poder (pouvoir), mientras que la utopía apunta invariablemente a reemplazarlo por otra cosa” (Ricœur: 379); la ideología es la “plusvalía” orientada a compensar la ausencia de crédito de una autoridad, en tanto que la utopía “desenmascara esa plusvalía” (p. 392), creando alternativas que funcionen por medio de la “cooperación y de relaciones igualitarias” (p. 393). La utopía y la ideología producen diferentes contenidos histórico-temporales, que implican formas diversas de relacionarse con el presente, el futuro y el pasado. Existen así formas utópicas e ideológicas de producción social de pasado, esto es, de memoria según la perspectiva abierta por Halbwachs (1925). La producción ideológica de memoria, incluyendo esa forma específica de memoria que se suele denominar “historia”, se ajusta en general a los “pensamientos dominantes de la sociedad” (Halbwachs: VIII), y puede corresponder a los intereses del grupo o de los grupos política y socialmente dominantes. Tal es el caso, por ejemplo, de la imagen del pasado incaico producida desde el siglo XVI por los escribientes toledanos, o en los siglos XVIII y XIX por los apologistas europeos de la empresa colonial y de la apropiación privada y acumulativa de la riqueza. La producción utópica de memoria configura un legado de aspiraciones, experiencias, ideas y prácticas de una forma de justicia susceptible de asumir la menesterosidad de los humanos y la fragilidad de la vida en general. La memoria utópica cuenta con ese legado que constituye el recurso principal de la utopía: la utopía es “el recuerdo (Erinnerung) de todas las utopías anteriores” (Landauer: 22). Así, el relato del “buen gobierno” hecho por el Inca Garcilaso es recuerdo de formas redistributivas “estatales” que a su vez son recuerdo de formas andinas de reciprocidad comunal; es probable que en los Comentarios Reales haya asimismo recuerdo de la Utopía de Moro, de la República de Platón y del cristianismo primitivo. La Basiliada de Morelly (siglo XVIII) es en parte recuerdo de los Comentarios Reales, así como los escritos de Cabet (siglo XIX) sobre la “comunidad de bienes” y de Arratia y Mariátegui (siglo XX) sobre el “comunismo incaico”. En cierto sentido, este libro es también recuerdo de los Comentarios Reales: no hay necesariamente una oposición absoluta entre el saber “académico” del pasado y los saberes “populares” o “ancestrales” del pasado, como tampoco la hay entre la “memoria” y la “historia” (Nora). Las sociedades están configuradas no por una sino por múltiples memorias colectivas, que pueden relacionarse diversamente con lo ideológico y con lo utópico, instituyendo entre sí modos específicos de antagonismo que remiten invariablemente a una realidad de poder-dominación. En este sentido, las memorias colectivas tienen un trasfondo político, en particular aquellas –como una cierta “ciencia” de la historia– que pretenden no tenerlo.

Los Comentarios Reales, primer libro publicado en Europa por un autor americano que se autoidentifica como “indio”, constituyen la forma escrita originaria de una larga memoria utópica que la historia eurocéntrica de las ideas políticas ha ignorado tradicionalmente. Su escritura fue un gesto político, así como lo fue la autoidentificación de su autor como “indio” (su “indianización”). El sentido de este doble gesto político –que en realidad es uno solo– se extiende más allá de lo estrictamente económico y político, dejando su huella en otras formas de la cultura y en particular en aquellas que conciernen la creación de sentido y valor relativos al existir humano. El relato historial del Inca Garcilaso deja ver que las prácticas e instituciones económicas, sociales y políticas no están separadas de valores y construcciones simbólicas que confieren sentido a lo humano, al mundo y al ser en general. Revela por lo mismo que tales prácticas e instituciones son dimensiones específicas de una cultura, entendida como (re)creación permanente y abierta de valores y sentidos que acogen lo humano en el mundo. Sugiere por consiguiente que la crítica del sistema económico, social y político no se puede desligar de la crítica cultural o crítica de la cultura establecida, esto es, de la crítica de un modo de vida articulado por un determinado sistema de creencias e ideas que configuran un modelo específico de subjetividad y una actitud característica ante el mundo y el existir en general. En la época contemporánea (desde la segunda mitad del siglo XX hasta hoy) esta perspectiva sustenta, en el plano de lo poético, obras como la de José María Arguedas, y, en el plano de la acción social y política, toda una serie de políticas creadas por la movilización indígena de las últimas décadas en América Latina, como las que se desarrollan en el marco del tema del “buen vivir”.

Los principales temas de la presente investigación fueron expuestos inicialmente en el marco del seminario: “Política y cultura: Memorias del comunalismo inca en Europa y América Latina”, que tuvo lugar en la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá, en septiembre y octubre de 2018. Agradecemos al Doctorado en Estudios Políticos y Relaciones Internacionales de la Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales, por su invitación como profesor visitante, y en especial a los profesores Leopoldo Múnera Ruiz y Pedro Elías Galindo León, coordinador del Doctorado, por su gentileza y hospitalidad. Quisiéramos agradecer asimismo a los estudiantes y oyentes por su estimulante participación en el seminario, recordando en particular a Camilo Restrepo, Laura Cortés, Emily Pedraza, Vladimir Montaña y John Jairo Barbosa.

 

 

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