Revista electrónica, ISSN 0718-3658
Diciembre de 2025, Año XVI - Nº 60

Revista electrónica, ISSN 0718-3658
Diciembre de 2025, Año XVI - Nº 60

Reflexiones desde la Investigación Acción Participativa a la militancia epistémica indígena–académica y la IAP decolonial indígena.

Dr. Carlos Miranda Carvajal, Simma Lickanantay[1].
Carlos.miranda@upla.cl

Resumen

El texto se construye desde una posición situada que articula la experiencia del autor como académico y como miembro del pueblo Lickanantay, comprendiendo ambas dimensiones como un entramado vital, político y epistémico inseparable. Desde este lugar, la investigación no se concibe como un ejercicio neutral, sino como una práctica comprometida, en la que conocer implica involucrarse, tomar posición y asumir responsabilidad sobre los efectos del conocimiento producido. Esta perspectiva fundamenta la adopción de la Investigación Acción Participativa Decolonial (IAPD) como horizonte metodológico, ético y político, entendida no como una extracción de saberes, sino como un proceso de co-construcción basado en la reciprocidad, la memoria y la justicia epistémica.

La IAP es presentada como una praxis investigativa situada en territorios y espacios de saberes, que posibilita la emergencia de epistemologías vividas por los pueblos. En este marco, se releva la figura del investigador indígena como sujeto que produce conocimiento desde y para su pueblo, anclando su validez en la experiencia, la historia de resistencias y los sistemas de conocimiento ancestrales. La investigación militante se sustenta en la presencia territorial, la escucha activa, la devolución y el compromiso con fines colectivos. Finalmente, se plantea que esta perspectiva forma parte de la “gran revuelta indígena”, orientada a descolonizar el conocimiento, recuperar la lengua y repensar la academia como espacio de co-labor y justicia cognitiva y social.

Palabras claves: Investigación Acción Participativa Decolonial; Epistemologías indígenas; Militancia investigativa; Justicia epistémica; Territorialidad y reciprocidad.

Abstract

This text is developed from a situated standpoint that articulates the author’s experience both as an academic and as a member of the Lickanantay people, understanding these two dimensions as an inseparable vital, political, and epistemic framework. From this perspective, research is not conceived as a neutral exercise, but rather as a committed practice in which knowing implies involvement, taking a stand, and assuming responsibility for the effects of the knowledge that is produced. This standpoint grounds the adoption of Decolonial Participatory Action Research (DPAR) as a methodological, ethical, and political horizon, understood not as an extraction of knowledge, but as a process of co-construction based on reciprocity, memory, and epistemic justice.

Participatory Action Research is presented as an investigative praxis situated in territories and spaces of knowledge, enabling the emergence of epistemologies lived by the peoples themselves. Within this framework, the figure of the Indigenous researcher is highlighted as a subject who produces knowledge from and for their own people, grounding its validity in lived experience, histories of resistance, and ancestral knowledge systems. Militant research is sustained through territorial presence, active listening, feedback processes, and commitment to collective purposes. Finally, this perspective is framed as part of the “great Indigenous uprising,” aimed at decolonizing knowledge, recovering language, and rethinking academia as a space of co-labor and cognitive and social justice.

Keywords: Decolonial Participatory Action Research; Indigenous epistemologies; Research militancy; Epistemic justice; Territoriality and reciprocity.

 

Escribo este trabajo desde una posición situada que articula mi tránsito entre la academia y los territorios andinos, manteniendo como eje a la identidad como parte de pueblo Lickanantay, no como espacios separados, sino como dimensiones entrelazadas de una misma experiencia vital, política y epistémica. Considero que mi formación académica dialoga de manera permanente, y también mantiene una tensión latente, con una pertenencia indígena que no es solo identitaria, sino profundamente territorial, tanto a nivel geográfico como simbólico, además de ser histórica y espiritual.

Desde ese cruce, y no desde una pretendida neutralidad, asumo la investigación como una práctica comprometida, donde conocer implica también involucrarse, tomar posición y hacerse responsable de los efectos del conocimiento que se produce. Esta doble inscripción, académica e indígena andina, orienta la reflexión que sigue y da sentido a la elección de la Investigación Acción Participativa Decolonial como horizonte metodológico, ético y político, desde el cual comprendo la producción de saber no como extracción, sino como un proceso de co-construcción con los pueblos, desde la reciprocidad, memoria y justicia epistémica.

La Investigación Acción Participativa (IAP), comprendida como una praxis investigativa y social situada en territorios y espacios de saberes, acuñada desde 1977 (Herrera Farfán, 2018), entrega una herramienta fundamental para la configuración de procesos de co-construcción de epistemologías que, para la academia, aparecen como emergentes, pero que para los territorios y las diásporas socioculturales constituyen, en términos académicos, epistemologías vividas y, en un sentido más cotidiano, simplemente la forma de vida en la que nos desarrollamos.

Desde esta posición, propongo realizar una breve revisión, a modo de parafraseo, de la propuesta de “utopía pluralista” de la participación, así como de la actual lucha método-epistémica que se vive en la academia. Esta disputa puede entenderse también como otra expresión del histórico enfrentamiento entre el pueblo y la burguesía poseedora del saber, extraído en algún momento del devenir de las ciencias sociales.

La comprensión de un concepto que hunde sus fundamentos en la participación dentro del proceso de investigación (Fals Borda, 1986), y que a la vez se articula con la identidad indígena en este caso (Miranda y Urquieta, 2022; Aravena, 2003), me permite observar la figura del investigador indígena, aquel que trabaja desde su pueblo y para su pueblo. Esta figura se vuelve central al encarnar un modo de producción de conocimiento “científicamente válido”, anclado en la experiencia vivida, a nivel familiar, social y también a nivel académico; en las historias de resistencia y en los sistemas de conocimiento ancestrales vinculados a la identidad y a las trayectorias de vida.

Esta forma de hacer investigación no puede separarse de una posición ética y política, y por ello se transforma, necesariamente, en militancia decolonial. Cuando hablo de decolonialidad, lo hago como acción de teorización desde una posición militante, donde ya no solo en lo personal, sino también en lo comunitario, se configura un proceso de co-construcción epistémica. Este proceso se sustenta en el tránsito de entrada y salida del investigador militante en los espacios donde ejerce su militancia (académica, indígena, político-social), tránsito que considero es una acción que en su concreción tensiona permanentemente los límites de la academia convencional.

Como praxis situada en territorios, entendidos como espacios flexibles y dinámicos que actúan como soporte de la acción social a diversas escalas y en formas terrenales y simbólicas (Fals Borda, 2000; Gudynas, 2025), y en saberes indígenas desarrolladas en estos mismos territorios, la investigación militante se sostiene en la escucha y la acción radical, en la devolución y la transformación constante, y en la voluntad de contribuir a fines colectivos, y no solo académicos. Esta perspectiva constituye también una forma de resistencia frente a los intentos institucionales de convertir el saber ancestral en un saber curricular puro, estandarizado, despojado de territorialidad y espiritualidad, que son los componentes por los cuales el saber ha sobrevivido en la vida en resistencia, y el rol del investigador militante es contribuir a su incorporación sin volver a colonizarlo (Miranda y Zurob, 2025).

La militancia investigativa en contextos indígenas no se agota en el compromiso teórico ni en la toma de posición ética. Implica también un conocimiento profundo de las necesidades sentidas de las comunidades, conocimiento que solo puede construirse desde una presencia sostenida, respetuosa y afectiva. Este saber no se obtiene mediante encuestas ni entrevistas formales, sino caminando junto a la comunidad, participando en sus prácticas, escuchando sus silencios, compartiendo los tiempos de siembra, de duelo y de fiesta. Es allí donde la investigación se convierte en vínculo, y donde la militancia se arraiga no solo en la lucha política explícita, sino también en la cotidianidad del estar con otros, comprendiendo que la acción política habita también en los gestos, en el cuidado colectivo y en los modos de habitar.

Desde esta perspectiva, la relación entre investigador y comunidad no se basa en la lógica de la devolución entendida únicamente como entrega de resultados académicos. Recuerdo, en un trabajo de campo, cuando un “Mayor”, autoridad familiar Lickanantay que colaboró activamente en uno de mis trabajos, me dijo: “No me vas a traer algo para leer después, mejor ayúdeme con los animales”. Como miembro del mismo pueblo, comprendí que esa acción tenía para él un valor mucho mayor que cualquier artículo académico. Él necesitaba de personas ligadas al territorio, conocedoras de las dinámicas de la economía cotidiana que allí se vive, y eso, en ese contexto, resultaba más relevante que un informe escrito. Es en estas instancias donde se comprende la reciprocidad como principio fundamental del conocimiento ancestral de muchos pueblos, ya que esta reciprocidad es compartir saberes, alimentos, esfuerzos, tiempo, afecto y memoria.

El investigador militante no llega a la comunidad solo a “recoger” información ni a “entregar” productos finales, sino a ofrecer lo que sabe y lo que tiene en función de un proceso común, llega a recibir con humildad aquello que la comunidad decida compartir. Esto implica romper las jerarquías del conocimiento académico y reconocer que las formas ancestrales de enseñar, aprender y transmitir, las que se desarrollan a través del tejido, del canto, del trabajo agrícola, de los relatos orales, son fuentes válidas y potentes de producción de sentido, identidad y saber.  Las actividades cotidianas no son únicamente expresiones culturales ni meros objetos de estudio, son formas de pensamiento en acción, prácticas donde se transmite el saber profundo de cada pueblo sobre la vida, la espiritualidad, la organización y la resistencia. La investigación militante emerge de la participación y, teniendo a la IAP como base y soporte, se construye en y desde esas actividades, reconociendo a todas ellas como espacios de aprendizaje colectivo. Esta es una investigación que no busca representar a la comunidad desde afuera, sino que se hace junto a ella, respetando sus ritmos, lenguajes y formas de existencia. Así, la militancia se convierte también en una pedagogía de la reciprocidad, donde el conocimiento se genera y circula en el andar del territorio y en las hebras del tejido común, no solo en el aula ni en el reporte académico.

Los aportes de Orlando Fals Borda continúan siendo fundamentales para el rol de los investigadores militantes y para la propuesta de una IAP decolonial indígena como proceso de investigación y acción académica. No solo por haber inaugurado una metodología comprometida con las luchas populares, sino por haber defendido con claridad que el conocimiento debía producirse desde la vivencia colectiva, el diálogo horizontal y la transformación social. Su noción de una “ciencia propia” o “ciencia otra”, que reconoce los saberes populares como fuentes legítimas de teoría y práctica, abrió un camino que hoy los pueblos indígenas recorren con autonomía, ampliando su legado.

En este tránsito, su propuesta se actualiza como una relectura viva de los fenómenos y saberes sociales indígenas, ya no como una metodología diseñada desde la academia para “acercarse” al pueblo, sino como una base para impulsar formas de conocimiento que nacen desde los pueblos y para los pueblos. Este horizonte de acción y descolonización dialoga con lo que Bengoa (2000) denomina la “gran revuelta indígena”, entendida como el proceso histórico mediante el cual los pueblos reconfiguran sus luchas no solo en el plano político, sino también en el epistémico y cultural, impulsadas, además, por la inserción de académicos indígenas que, desde el campo investigativo, quienes cuestionan la hegemonía del conocimiento, los procesos de recolonización académica y cultural, y exigen el reconocimiento de sus propias matrices de saber.

Esta “revuelta” no es un acontecimiento meramente coyuntural (Lebot, 2013), sino un proyecto de largo aliento que redefine las formas de producción y transmisión del conocimiento, situando la espiritualidad, la relación con la tierra y las memorias colectivas como ejes centrales (Miranda y Urquieta, 2022). En este sentido, la IAP decolonial indígena puede comprenderse como parte constitutiva de esta gran revuelta, en tanto ejercicio práctico de desobediencia epistémica, recuperación y fortalecimiento de los saberes comunitarios orientados a proyectar futuros de autonomía y autodeterminación, sin renunciar al diálogo crítico con la academia.

Desde la ética del compromiso, la práctica del trabajo colaborativo y la convicción de que el conocimiento no es neutro y tomando en cuenta que nunca debe serlo, sostengo que este es poder, y que, cuando se teje con respeto, puede acompañar las luchas históricas por la dignidad y la autodeterminación. En este sentido, levantar el saber, las lenguas y la identidad de los pueblos, “transitando del palillo al telar y no del telar al palillo”, constituye un acto de justicia y memoria, parte del proceso de una educación liberadora, enraizada en el sur, comprometida con la dignidad y capaz de abrir horizontes, encarnando una propuesta de resistencia, desarrollo y justicia social (Miranda, 2025). Como ejemplo, los trabajos de Pairicán (2014, 2021) sobre la persistencia del movimiento mapuche y su carácter histórico-político permiten comprender las prácticas de producción de conocimiento como parte de una lucha continua, donde la revuelta indígena no es un hecho aislado, sino una continuidad de resistencia frente al colonialismo.

En este marco, levantar un proyecto investigativo, educativo y epistémico propio implica “descolonizar la palabra” y recuperar la lengua como eje del pensamiento (Loncon, 2022), lo que vincula directamente la propuesta de una ciencia otra con el derecho a existir en la diferencia, permitiéndonos repensar el rol de la academia como un espacio de co-labor, donde el conocimiento se construye en reciprocidad con los pueblos y no como imposición unilateral, situando a la investigación como un proceso de justicia cognitiva y social (Miranda, 2025).

Referencias

Aravena, A. (2003). El rol de la memoria colectiva y de la memoria individual en la conversión identitaria mapuche. Estudios Atacameños, 26, 89-96. https://revistas.ucn.cl/index.php/estudios-atacamenos/article/view/253

Bengoa, J. (2000). La gran revuelta indígena: movimientos, luchas y horizontes. México: Siglo XXI.

Fals Borda, O. (1986). Conocimiento y poder popular. Siglo XXI y Punta de Lanza.

Fals Borda, O. (2000). Acción y espacio. Autonomía en la nueva República. Tercer Mundo.

Gudynas, E. (2025). Sentipensando territorios: una revisión del concepto, sus expresiones y urgencias en América Latina. En Figueroa, S., & Pachón, D. Utopía, epistemología y política: a cien años del nacimiento del Orlando Fals Borda. Ediciones Desde Abajo.

Herrera, N. (2018). Saber colectivo y poder popular. Tentativas sobre Orlando Fals Borda. Editorial El Colectivo.

Lebot, V. (2013). La gran revuelta indígena y la disputa por los saberes. Quito: Abya-Yala.

Loncon, E. (2022). Azmapu: La propuesta política y epistémica del pueblo mapuche. Santiago de Chile: LOM Ediciones.

Miranda Carvajal, C. (2023). Transitar del telar al palillo: la escuela y la identidad lickanantay. Desde el Sur, 15(3), e0039. https://doi.org/10.21142/DES-1503-2023-0039

Miranda Carvajal, C. (2023, octubre). Educar desde el sur: Una pedagogía para la justicia social. Le Monde Diplomatique Chile. https://www.lemondediplomatique.cl/educar-desde-el-sur-una-pedagogia-para-la-justicia-social-por-carlos-miranda.html

Miranda Carvajal, C., & Urquieta, N. (2022). Indígenas, asociaciones, resistencia y resguardo de la identidad en Chile. Lenguas Radicales, 1(3). https://doi.org/10.56791/lr.v1i3.23

Miranda Carvajal, C., & Zurob Dreckmann, C. (2025, 26 de junio). No todo el que investiga alienta a una descolonización: entre la simpatía y la reparación. Le Monde Diplomatique – Edición Chilena.https://www.lemondediplomatique.cl/no-todo-el-que-investiga-alienta-a-una-descolonizacion-entre-la-simpatia-y-la.html

Pairicán, F. (2014). Malon: La rebelión del movimiento mapuche, 1990-2013. Santiago de Chile: Pehuén Editores.

Pairicán, F. (2021). Toqui: Guerra y tradición en el siglo XXI mapuche. Santiago de Chile: Catalonia.

[1] Carlos Miranda Carvajal, académico Lickananatay, Profesor de Educación General Básica con mención en educación rural, Mg. en Evaluación Educacional (UPLA) y Doctor en Psicología (PUCV). Se ha desempeñado como docente en educación pública, consultor educativo, académico universitario y actualmente cumple el rol de Investigador Responsable del proyecto ´Educación intercultural y revitalización lingüística: percepciones de familias indígenas rurales de la Región de Valparaíso`,  proyecto financiado por “Proyecto financiado en el marco del Plan de Fortalecimiento de Universidades Estatales UPA 24991 del Ministerio de Educación – Universidad de Playa Ancha de Ciencias de la Educación.”

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