Revista electrónica, ISSN 0718-3658
Diciembre de 2025, Año XVI - Nº 60

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Diciembre de 2025, Año XVI - Nº 60

LA AGRICULTURA EN EL DESIERTO. ¿EXPANSIÓN DE LA ECONOMIA ANDINA EN EL NORTE DE CHILE?

Juan Alvarez Ticuna
Mag., en Educación

Resumen:

John Murra, antropólogo e historiador ucraniano, en la década de 1970 propuso el modelo de economía vertical de aprovechamiento productivo, según el cual las poblaciones cordilleranas acceden complementariamente al control y manejo de diversos pisos ecológicos (valles bajos, precordillera y altiplano); adaptándose a las condiciones geográficas particulares que presentan.

Siguiendo este modelo, en este trabajo describimos de forma sintética tres experiencias de la historia regional del norte de Chile, que dan cuenta de esta capacidad de ajuste y acomodo, de grupos andinos a contextos adversos, permitiéndose interactuar y convivir con elementos propios de la modernización, en áreas costeras y de la Pampa del Tamarugal.

No obstante, este interesante “milagro agrícola “, advertimos algunos riesgos en su implementación, como que el destino de la producción es externo, lo que implicará aventurarse dentro del modelo mercantilista, con las consiguientes preocupaciones de: qué producir y cómo producir para competir en el mercado.

Introducción

Si en estos días, un turista recorriera la pampa del Tamarugal, se encontrará con sorpresa, algo que no aparecía en su agenda viajera; una docena de experiencias agrícola, dentro en un vasto espacio vacío de tierra calcinada por el arduo sol.

Estos vergeles se han ido consolidando desde tiempos precolombinos, impulsados por grupos aymaras, venidos de las comunidades cordilleranas; lo que ha demostrado que este modelo también puede explicar la capacidad adaptativa de las poblaciones andinas, de no solo a condiciones ecológicas determinadas, sino también a escenarios sociopolíticos y étnicos diferenciados.

Economía vertical andina, copamiento de múltiples nichos ecológicos (Murra).

Uno de los mayores investigadores de la historia precolombina, que  ha aportado a entender la organización y economía andina, ha sido John Murra  (1972), cuya contribución más sobresaliente es el reconocimiento de un “modelo de Archipiélago vertical», que se traduce en señalar que el territorio andino, ha estado vinculado desde tiempos precolombinos, productiva, social, cultural y políticamente en forma vertical  (ver figura 1), permitiendo que la producción de cada nichos ecológico o isla, puedan conectarse en forma vertical generando con ello una serie de intercambios y abastecimientos, que permitieron un mayor bienestar colectivo.

Figura 1

Esta conexión socio-espacial data desde tiempos pre-incaicos, con la incursión de grupos altiplánicos de los reinos aymaras, como: Lupacas, Carangas y Pacajes, en los valles precordilleranos y costeños, que corresponderían al territorio transfronterizo actual de Tarapacá, Arica, Tacna y Moquegua.

Según el modelo de control de la economía vertical, estos nichos o «islas» étnicas, (de ahí el nombre de “archipiélago vertical), estaban separadas físicamente de su núcleo, pero manteniendo con él un contacto social y tráfico continuo, que se fue consolidando como un patrón de asentamiento típicamente andino, impactando también en el sistema socio-político, para dar forma a complementariedades duales, como parcialidades de arriba (alaxsaya) y de abajo (manqhasaya).

Después con el impacto de las sucesivas invasiones: inca (que impusieron las mitas), y española (que obligaron a los nativos a las encomiendas). el esquema se fue desligando del control altiplánico, a tal punto de ir perdiendo una relativa conexión y autonomía en la producción.

No obstante, como veremos más adelante, en la pampa del Tamarugal y Valles de la costa de Arica y Tacna, la ocupación poblacional, habilitación de tierras y la expansión agrícola siguió acentuándose en forma colectiva, explorando nuevos espacios agrestes donde se pudiera extender la producción agrícola.

Agricultura del desierto, reminiscencia del copamiento de nuevos nichos ecológicos.

Combinando el patrón de copamiento vertical y el esfuerzo colectivo andino que también ha sido un factor trascendental para realizar grandes obras de ingeniería; las nuevas poblaciones andinas fueron atreviéndose a entender y dialogar con la aridez y salinidad del suelo, adaptando un microclima, mediante el trabajo estacional, para permitir producir alimentos, donde antes solo había arena.

  1. Pampa Iluga, Quebrada de Tarapacá.

Figura 2

La Pampa de Iluga en Tarapacá, ha sido objeto de varios intentos de irrigación desde fines del siglo XVIII, específicamente desde el diseño de un megaproyecto de irrigación por parte de Antonio O’Brien que pretendía encauzar los recursos hídricos de la quebrada de Tarapacá́ (Hidalgo 1985:186-192; Larraín 1974:9-12; Couyoumdjian y Larraín 1975:329-362) hacia esa extensa pampa.

Posteriormente otros proyectos fueron encargados por la administración en tiempos de la Colonia y la República; todos interesados por proveer de insumos para la población minera de Huantajaya primero, y del salitre después. Todas esas iniciativas no lograron concretizarse.

Desde una visión más andina, grupos aymaras venidos de los pueblos rurales, comenzaron a transformar una parte de este extenso sector, aprovechando los caudales de agua en exceso que bajan escalonadamente (abanico fluvial) en años de grandes precipitaciones (ver figura 2 -García y otros 2023).

Pampa Iluga actualmente es una planicie sin cultivo y deshabitado, que se emplaza en el área de confluencia de los abanicos aluviales de Aroma, Tarapacá y Quipisca, la que hasta hace dos décadas los agricultores tarapaqueños solían aprovechar.

 “Yo sembré en Gallinazo (…) Arriba del pueblo [Huarasiña] hay una vertiente dulce y otra con boro. Debajo de Caserones se tomaba el agua, se hacía un pequeño estanque y se la tiraba por un canal para Gallinazo que es la última parcela de Huarasiña, donde había un lugar especial donde se aventaba el trigo (…) En Caserones, abajo, había muchos sembríos de zapallo. En sector Gallinazo hay una cruz, es protectora y portada del territorio del pueblo; antes se hacía costumbre para bendecir y cuidar las chacras (…) En enero, febrero bajaba el agua. Apenas llegaba el agua, se sembraba el trigo, en agosto ya estaba maduro y ya para septiembre se trillaba. Se sembraba en surcos, como eras, levantando bordes de las chacras. Otra manera era caracol. El agua bajaba desde enero, febrero hasta septiembre, más o menos (…) Antes, ya en agosto estábamos comiendo choclo, zapallo, tomate, habas. Pampa Iluga es un sector agrícola que produce todo” (Diego Gómez, Huarasiña, 2019).

“Yo alcancé a sembrar en Challacollo y Gallinazo, sembrábamos por ayni, siembra tradicional, mit´a o turno que le dicen. Debajo de Caserones se hacía la bocatoma, cada año se construía con trabajo comunitario y se reparaban los canales (…) Al sur del Rey [cerro Unita], mi abuelo decía que el trigo salía como dedo gordo y los zapallos eran gigantes” (Narciso Relo, Huarasiña, 2019).

“Fue cuando mi papá me encargó ir a buscar al luriri [maestro que elabora instrumentos] que vivía en Huara y hacía las bandolas; fui bajando y me impresioné al ver todo bien dorado, amarillo, era un gran paño de trigo, qué bonito [1966]. Allí en esa pampa sabían trabajar los huarasiñas y los tarapacás nomás dicen(…)para nosotros el trigo era bien comido, nos gustaba mucho” (Nemesio Moscoso, Cariquima 2021). [1]

“Después de vivir en Poroma nos vinimos a Huarasiña, seguramente llovió mucho, la misma gente se entusiasmaron en sembrar trigo en la pampa de Huarasiña, más abajo. Así que venimos a sembrar y yo junto a ellos. Un año hicimos producir harto trigo. Ese trigo se regaba con agua de lluvia, esa agua llegaba hasta la pampa. Con esa agua hicimos producir eso (Eugenio Challapa, Chulluncane 1999)[2].

En síntesis, hasta la época de los años setenta, Pampa Iluga era entonces una extensa planicie, que después de la bajada de las aguas estivales, se transformaba en un vergel de cereales (trigo) y hortalizas a campo abierto, que los comuneros venidos de los valles más arriba, cultivaban y cosechaban organizados.

En los meses de diciembre y enero, los agricultores de las quebradas altas bajaban año a año, para realizar faenas comunitarias para habilitar: chacras, tomas de agua, estanques y canales de riego. Posterior a la siembra de enero y febrero con el agua infiltrada en los suelos, volvían en agosto para dar inicio a la cosecha.

Como se ha visto, en esta tradición estacional agrícola, el aprovechamiento de este piso o nicho ecológico no tradicional, viene a reforzar el principio de habitabilidad de distintos espacios para asegurar una producción más diversa y una alimentación más sana y complementaria.

Factores favorables y de riesgo.

El riego por escorrentía si es muy positivo: por la cantidad de agua que se suma a la superficie de cultivo ocupada en un territorio, por la habilitación de un suelo que tiene una estructura y composición distinta, y por la producción de nuevos cultivos que prolifera solo en ese tipo de clima. Por último, es muy importante el trabajo colectivo que se emprende a nivel familiar y de comunidades de origen precordillerano y de altura.

La dificultad o riesgo, está en que es agua no permanente, que baja de manera esporádica, a veces en forma lenta, y otra de manera precipitada que desborda incluso los propios surcos que han previamente elaborado los comuneros. En esas circunstancias, es difícil proyectar cultivos permanentes y población estable.

  1. Pampa Algodonal. Valle de Azapa, Comuna de Arica

El análisis de informaciones arqueológicas fechadas en el valle de Azapa al interior de Arica,  indican que entre los año 200 al 700 DC, la población nativa tenía consolidado un modelo de vida en aldea, basado en una agricultura semi-tropical, la que se sustentó gracias a la presencia de aguas de vertientes y humedales que irrigaron determinadas áreas agrícolas en el valle, lo que evidencia una planificación de las áreas cultivables y de los sistemas agrícolas relacionados a la canalización, especialmente los ubicados en terrazas fluviales como Pampa de Alto Ramírez [3]

Cuando se creó en Arica la Junta de Adelanto de Arica (1958), y posteriormente se implementó la Reforma Agraria (1962-1973), se promovieron grandes cambios en el desarrollo agropecuario que abrieron mayores posibilidades para que los campesinos y comuneros aymaras pudieran ampliar sus terrenos agrícolas.

A raíz de ello, desde la década de 1970, varios grupos andinos de Camiña, Suriri, Tignamar y Chapiquiña entre otros, se establecieron en los bajos de Livilcar, con el fin de habilitar en conjunto el territorio agrícola denominado Pampa Algodonal, que motivados por la tradición aymara, siguieron el patrón de copamiento vertical que había descrito Murra.

“Los de Camiña y Parinacota se han juntado con dos más de Chapiquiña , y están instalados en Pampa Algodonal Norte Dos en un solo sector de veinte agricultores. En cambio, los de Suriri están ubicados en la Pampa Algodonal Sur, junto con tres campesinos de Tignamar, en total suman dieciocho. Estos tignameños se han ubicado con los de Suriri por falta de espacio en la Pampa Algodonal Norte Uno al frente, donde otros de su pueblo han formado su propio sector con seis personas. Finalmente, al este de la misma Pampa Algodonal Norte Uno, está el sector de Belén con cinco miembros”[4]

El asentamiento Pampa Algodonal se encuentra localizado en el kilómetro 34 del sector alto en el valle de Azapa, y actualmente produce una variedad de hortalizas, destacando el zapallo, pepino, lechuga y tomate. En ese último cultivo, el sector es conocido por ser un proveedor invernal importante para la zona central de Chile. Además de los cultivos tradicionales, en Pampa Algodonal se han implementado invernaderos con riego tecnificado, cultivos hidropónicos y sistemas móviles de acumulación de agua. 

Factores favorables y de riesgo.

Esta experiencia reitera el trabajo colectivo de habilitación y expansión de la superficie agrícola en nuevas áreas de ocupación, que a nivel familiar los andinos de las comunidades de Arica-Parinacota fueron abordando.

Por otro lado, dado que se trata de un microclima desconocido, en Pampa Algodonal estos campesinos venidos del “interior de la región” (pre-cordillera y altiplano) fueron aprendiendo a desarrollar cultivos tropicales: como mangos, naranjos, cucurbitáceas, paltas, etc.; a tal punto de volverse expertos.

Si bien las aguas del rio Lauca son permanentes, el caudal a la altura de Pampa Algodonal, no es siempre constante, por lo cual, los campesinos deben sufrir de déficit, que obligan a mermar su producción. Por otro lado, dado que su producción es enteramente comercial y no de solo autoabastecimiento, los productores deben estar a expensas de las fluctuaciones del mercado.

  1. Bajo Soga, Comuna de Huara

En la comuna de Huara, entre el pueblo del mismo nombre y el cruce de Camiña, alrededor de 80km de Iquique, se encuentra el cruce de camino al pueblo antiguo de la quebrada de Soga.

La quebrada de Soga nace en la precordillera, en las faldas del cerro Misane, que corre hacia el sureste y desaparece en la pampa del Tamarugal, donde se seca. Los sembríos que hay allí se riegan con vertientes.

Muy arriba de la quebrada y a una elevación de más de 3.000 mts. sobre el nivel del mar, se halla el pueblo indígena de Soga. Este pueblo de precordillera se encuentra en un valle agrícola con una población andina reducida, por las continuas avenidas de las aguas, que dejan aislado al pueblo.

Más abajo, a 1.000 m.s.n.m. en plena pampa del Tamarugal está el asentamiento denominado Bajo Soga, donde hace dos décadas arribaron personas de distintas procedencias (Valles de Arica, Camiña, Tarapacá y Soga antiguo), con la intención de hacer producir el desierto, a través de la extracción de agua del subsuelo, desde una gran profundidad.

Si bien comenzaron produciendo melones, hoy tienen diversos cultivos de hortalizas, frutales, algunos a superficie abierta y otros bajo plástico. La mayoría de las personas que trabajan en este sector,  son personas que se trasladan desde las quebradas, trabajando como temporeros conformando una población flotante de 250 personas[5].

Como el agua es un bien escaso, han introducido la hidroponía, donde los invernaderos son esenciales para la producción de alimentos y frutales más sensibles a la sequía, y a soportar la alternancia extrema de las temperaturas del desierto.

Factores favorables y de riesgo.

La exploración y producción en zonas antes no habilitadas es siempre positiva, más aún en terrenos y clima inhóspitos para la vida vegetal, por tanto, la experiencia es una hazaña productiva.

Sin embargo, hacer depender la producción exclusivamente del abastecimiento de agua del subsuelo, implica en años de déficit, que para realizar la extracción del vital líquido se va a requerir pozos más profundos, lo que eleva los costos de producción y elevan el riesgo de desertificación.

Conclusiones:

Es notable como desde tiempo precolombino, los andinos han ido expandiendo sus áreas de asentamientos ancestrales hacia otras áreas geográficas y ecológicas que desafían el ingenio y la relación con la tierra, lo que implica por demás, un perfecto aprendizaje del medio, como también la sintonización con el clima, el paisaje, la hidrología y el conocimiento del ecosistema del lugar de asentamiento.

También es interesante reconocer que relaciones de control, coordinación y dependencia vertical, ha sido el gradiente que ha impulsado a grupos humanos andinos del altiplano y precordillera a descender a pisos más bajos, concertando no solamente la producción, sino también las estructuras de relación, social, cultural y política para conformar un territorio mayormente pluriétnico.

Las experiencias presentadas, se centran en el uso racional y cultural del agua sea superficial (pampa de Iluga, pampa Algodonal) o subterránea (pampa bajo soga), lo cual representa un pleno conocimiento de las condiciones agroecológicas del territorio del norte de Chile, que tiene desde tiempos inmemoriales el pueblo aymara.

También hemos señalado que estas experiencias, representan la reminiscencia del sistema de control vertical andino, que certeramente descubrió John Murra (1972), por la cual los andinos podían ocupar numerosos pisos o nichos ecológicos a la vez, manteniendo siempre presencia en ellos.

La realidad hoy día, sin embargo, nos da cuenta de una preocupante situación de copamiento vertical. Ya que no tenemos la certeza, de que este descenso gradual de población a la pampa, a la costa y a la urbe; signifique realmente una ampliación de pisos o áreas del territorio aymara. Más bien, lo que vemos es un descenso poblacional en las áreas ancestrales, lo que está evidenciando el abandono o despoblamiento paulatino del altiplano y precordillera, lo cual sería una pérdida de dominio económico y cultural muy drástico. Avanzar hacia otros nichos sin descuidar los antiguos, debería ser la premisa.

BIBLIOGRAFÍA

ALVAREZ, Ticuna “J’acha mamanajaj tatanajaj Layrapachat Jiwasaru Arusiri”
Nuestros sabios abuelos nos hablan de tiempos antiguos
 CONADI Subdirección Nacional Norte 2000.

BERRIOS, Reinaldo  Tarapacá In Situ.   https://tarapacainsitu.cl/contenido/1266/la-agricultura-del-desierto-rompe-todos-los-mitos-en-la-region-el-milagro-de-baj#google_vignette 24/07/2021

COUYOUMDJIAN, Ricardo y LARRAÍN Horacio

El plano de la Quebrada de Tarapacá́ de don Antonio O’Brien. Su valor geográfico y socio antropológico. Norte Grande, vol. 1 (3-4):329-362, Universidad Católica de Chile, Santiago. 1975

GARCÍA, y otros    Pampa Iluga . Tecnología, trabajo y persistencia de un paisaje prehispánico en el desierto de Atacama (50 AC-1800 DC) Revista de Geografía Norte Grande Nº 86 . 2023

HIDALGO, Jorge “Proyectos coloniales inéditos de riego en el desierto. Azapa (cabildo de Arica, 1619), pampa Iluga (O’Brien, 1765) y Tarapacá́ (Mendizábal, 1807). Chungará 14:183-222, Universidad de Tarapacá́, Arica .1985

LARRAIN, Horacio       Antecedentes históricos para un estudio de la reutilización de los suelos agrícolas en la Pampa del Tamarugal. Norte Grande, vol.1(1):9-22. 1974.

MUÑOZ, Iván               “Cronología del periodo medio en el valle de Azapa, norte de Chile: estilos, fechados y contextos culturales del poblamiento humano” Chungará (Arica) vol.51 no.4 Arica dic. 2019

MURRA, John             “El control vertical de un máximo de pisos ecológicos en la economía de las sociedades andinas. (1972)

PLATT, Tristán             “Experiencia y experimentación: los asentamientos andinos en la cabecera del valle de Azapa” Revista Chungará Nº 5 1975.

 

Referencias fotográficas.

 

Pampa de Iluga. Chacras en Gallinazos (bajos de Huarasiña) con las avenidas de agua.

Cultivos en Pampa Algodonal

Vista del pueblo en Pampa Algodonal -Cabeceras de Azapa -Arica

Cultivos de hortalizas y estanque con agua del subsuelo. Bajo Soga -Huara

[1] Estas tres primeras entrevistas fueron tomadas de García y otros en Pampa Iluga. Tecnología, trabajo y persistencia de un paisaje agrícola prehispánico en el desierto de Atacama (50 AC-1800 DC)

[2] Álvarez, Ticuna “Nuestros sabios abuelos nos hablan de tiempos antiguos” CONADI Subdirección Norte 2000.

[3] Muñoz, Iván en “Cronología del periodo medio en el valle de Azapa, norte de Chile: estilos, fechados y contextos culturales del poblamiento humano” 2019.

[4] Platt, Tristán en “Experiencia y experimentación: los asentamientos andinos en la cabecera del valle de Azapa”. Pag 46

[5] https://tarapacainsitu.cl/contenido/1266/la-agricultura-del-desierto-rompe-todos-los-mitos-en-la-region-el-milagro-de-baj#google_vignette

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