Revista electrónica, ISSN 0718-3658
Diciembre de 2024, Año XVI - Nº 59

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Diciembre de 2024, Año XVI - Nº 59

GÉNERO Y ETNICIDAD EN LA SOCIEDAD ANDINA DESDE LA TRADICIÓN ORAL Y LA CONVIVENCIA SOCIAL

Juan Alvarez Ticuna
Mag., en Educación

Resumen

Este trabajo se articula a partir de un relato tradicional aymara, donde se enjuician los roles hombre-mujer desde una perspectiva ética y étnica, cuya interpretación requiere del apoyo de  distintos aspectos socio-culturales aún vigentes. Ello que da cuenta de la complejidad de abordar el tema identidad y género en los pueblos andinos; y recomienda también considerar como referente, su tradición cultural, tanto oral, como vivencial.  

Abstract

This work is articulated starting from a traditional aymara story, where the roles of man and woman are judged from an ethical and ethnic perspective whose interpretation requires of the support from different socio-cultural aspects that are still updated. It makes us realize the complexity of approaching the topic of identity and gender of Andean towns; and it also recommends to consider as relating, their cultural tradition, so much oral, as vivencial.

Introducción

Las concepciones de género en la investigación moderna han venido precisándose cada vez más, desde aquella que entregaba una visión de ajuste de roles entre hombres y mujeres en la sociedad moderna, hasta la introspección de la calidad y percepción de mundo que tienen mujeres y hombres respecto a la vida y al mundo –una especie de distinción de la psicología y la cosmovisión de los hombres y las mujeres respecto a la vida–.

El concepto de género que se trasunta en este trabajo es que “cada cultura elabora sus propias identidades de género a partir del hecho biológico de las diferencias entre los sexos: la identidad de género se construye a partir de un proceso donde cada individuo aprende lo que es ser hombre o mujer, asume los roles que les son asociadas, así como también llega a interpretarse a sí mismo dentro de los parámetros definidos por la cultura en la que vive (Montesino, 2004)”[1]

  1. CHACHA WARMI: RELACIONES DE GÉNERO EN EL MUNDO ANDINO

Una de las etapas más importantes de la vida para el aymara es el matrimonio o “jaqichasiña” lo que literalmente se traduce como “hacerse gente” o “hacerse persona”; vale decir, que sólo cuando el hombre y la mujer se casan, alcanzan su estatus de personas. Sólo las personas casadas pueden ejercer todos los derechos como ciudadanos, ya que para el aymara la unidad es la pareja, no el hombre o la mujer individualmente.

El matrimonio aymara no se oficializa en una sola ceremonia, sino que es un proceso largo con una serie de ceremonias que se relacionan con el compromiso cada vez más fuerte de la pareja y con la consolidación de una nueva familia que tiene obligaciones y derechos en la comunidad o en la sociedad que les toca vivir.

En las ceremonias más importantes está la “irpaqa” o pedida de mano. Allí, los padres y parientes del novio van de noche o de madrugada a fraternizar con la familia de la novia. Ambas familias conversan sobre el futuro de los jóvenes, cuentan sus virtudes y sus defectos para que sean conocidos por las familias. También se puede planificar la fiesta social de casamiento, además la joven pareja recibe múltiples consejos. La pareja vive con los padres del novio un tiempo, en lo que se llama “sirviñaku”, que es un periodo de convivencia en el que la pareja se conoce, trabaja arduamente para juntar dinero para su fiesta social en la que participa todo el pueblo. En esta etapa pueden nacer hijos.

En la etapa del Sirviñaku se buscan los padrinos. Los padrinos tienen un rol muy valioso para la estabilidad de la joven pareja. Los padrinos deben ser personas con muy buena reputación y con mucho prestigio social y económico. Incluso es común comentar que si la pareja fracasa es porque no fueron bien aconsejados por sus padrinos, por eso el prestigio de los padrinos está en juego en la estabilidad y éxito del matrimonio.

En la crianza de los hijos también existe una etapa importante denominada “rutuchi o murusiña” – corte de pelo. Es una ceremonia donde se realiza el primer corte de pelo del niño o de la niña y con cada mechón de pelo, se van agregando obsequios en dinero o bienes. Las donaciones constituyen el primer capital del niño o niña. Es muy importante la búsqueda de buenos compadres, los que pasarán a ser los segundos padres de los ahijados.

En la cultura aymara no existe el ejercicio de funciones individuales. Ni el hombre solo, ni la mujer sola asumen roles individuales, los dos asumen la responsabilidad cuando les corresponda ejercer el derecho de los cargos del pueblo.

Como se puede constatar con lo anteriormente expuesto, es la pareja, el matrimonio, el que encabeza la familia. Las buenas relaciones entre ellos aseguran el éxito de la familia. Es lo que se denomina Chachawarmi.

Una de las cualidades más importantes en el Chacha warmi es la complementariedad que debe existir entre el hombre y la mujer. A los dos se les reconoce con cualidades diferentes, asumen roles diferentes, pero ambos tienen que complementarse para asegurar el buen funcionamiento de la familia, ya sea en el trabajo o en la crianza de los hijos.  

  1. TRASGRESIONES A LA RELACIONALIDAD DE GÉNERO. EL RELATO COMO MARCO DE DISCUSIÓN.

En el siguiente trabajo, examinaremos un relato que da cuenta por un lado de la identidad cultural aymara y por otro, la identidad de género en la sociedad andina, que señala mediante roles, funciones, principios y valores, como se orientaban los modelos identitarios tradicionales.

El relato se ubica en una comunidad alto-andina, donde los comuneros combinan el trabajo de crianza de llamas, alpacas y ovejas con la pequeña agricultura de microclima donde producen quinua, habas, ocas y papas principalmente.

2.1. Desarrollo del relato[2]

“Antiguamente, en los tiempos de Yus Awki (Dios Padre) o Apu Qullan Awki (dios Padre Divino), por el poder que les había concedido, dice que las estrellas del cielo bajaban a la tierra, a fin de pasear o ver lo que pasaba en este mundo.

Cierta vez, en tiempos de chacra, dice que bajaron del cielo dos estrellas, con sus vestimentas, llenas de perlas. Brillaban bastante; por eso vemos brillar a las estrellas del cielo. Estas dos estrellas se convirtieron en dos buenas doncellas y fueron a ver la chacra de un Aymara que vigilaba su chacra de papas en una musiña (cabaña para pasar la noche). Las estrellas jóvenes, al ver que el dueño de la chacra dormía profundamente, empezaron a escarbar las papas, luego se fueron. Al día siguiente, cuando el dueño empezó a rodear la chacra, se sorprendió al ver que había sido escarbada una buena cantidad de matas. Al ver esto, empezó a cuidar mucho más. El agricultor no dormía hasta altas horas de la noche. Sin embargo, una vez que el joven dormía, nuevamente regresaron las jóvenes y, como vieron que el dueño ya dormía, empezaron a arrancar otras matas llevándose las papas. Cuando en la madrugada el joven despertó y fue a ver la chacra, se sorprendió nuevamente porque las papas habían sido arrancadas. Ante esta situación, tuvo que vigilar celosamente. No dormía hasta las horas de la madrugada. Pero las estrellas aprovechaban la hora que dormía; así tuvieron que esperar hasta la madrugada para arrancar las matas de las papas. Viendo que, a pesar del cuidado minucioso, al día siguiente resultaban arrancadas las matas de papas, el dueño optó por suplicar a otras personas que lo acompañen. Tuvieron que turnarse dos a dos con el fin de dar con el ladrón.

A eso de las dos de la mañana, vieron que las dos hermosas jóvenes, vestidas con bellos ropajes de oro y plata que brillaban bastante, se acercaban a la chacra y empezaban a sustraer las matas de papas. Entonces, inmediatamente sin perder tiempo, los vigilantes corrieron hacia ellas; pero lograron capturar solamente a una de ellas, mientras la otra, a pesar de la velocidad y el número mayor de los hombres, alcanzó a fugar al cielo.

Como quiera que la joven era hermosa y no había manera de recuperar las papas, el dueño de la chacra optó por llevarla a su casa. Ella tuvo que ir por miedo y vergüenza. Ahí intimaron a la joven proponiéndole matrimonio. Pero la estrella no quiso. Al fin, ante la exigencia del dueño y de sus ruegos, tuvo que quedarse en aquella casa. Posteriormente le cambiaron de ropa. Es decir, la ropa de perlas, oro y plata que brillaba tuvo que ser cambiada por la ropa común que usaba aquella gente. 

*  *  *

Con el tiempo tuvieron dos hijos. Pero la estrella seguía pensando en irse, y rogaba constantemente a su esposo para irse al cielo. Ante esta situación el hombre tuvo que reprimirla y hasta la pegaba. La joven se lamentaba y lloraba, porque no se podía fugar al no poseer su ropa, que se encontraba en un baúl enterrado en el suelo. El lugar sólo lo conocía el hombre.

Pasó mucho tiempo en este trance: la mujer desesperada por irse; el hombre, pegaba y regañaba a su mujer. Cuando el niño mayor creció veía todos estos acontecimientos. El esposo, para evitar que se malogre la ropa en el interior de la tierra, solía sacarla con el fin de hacerla solear. Esta operación la realizaba en ausencia de su esposa. Este secreto fue visto solamente por su hijo, pero como aun era pequeño no podía comunicarlo a su madre.

Cierto día, cuando su padre estaba ausente, el niño preguntó a su madre:

«¿Mamá, por qué lloras tanto y por qué pelean con mi papá?»

La madre tuvo que contarle la verdad:

«Hijito, tu papá me hizo quedar a la fuerza. Yo, no soy de esta tierra. Mi lugar está en el cielo. Cuando vine a curiosear a esta tierra, tu padre me encontró y me despojó de mi ropa. Entonces, por falta de ella, no puedo ir al cielo».

Ante la tristeza y el llanto de la madre el hijo dijo:

«Mamita, tu ropa está guardada debajo de la misa gala (piedra sagrada), enterrada en la tierra…»

Al escuchar a su hijo, la estrella se alegró mucho. Desenterró la ropa. Preparó comida para los hijos. Les aconsejó. Y cambiándose de ropa, se fue al cielo.

Cuando el padre llegó del viaje, no encontró a su esposa. El hijo tuvo que avisarle sobre el viaje de su mamá al cielo. El padre inmediatamente buscó la ropa, pero no la encontró e interrogó a su hijo «¿Quién avisó sobre el escondite de la ropa de tu madre?».

El hijo dijo: «Le avisé porque estaba llorando». El padre regañó al hijo. Pero, al ver que no había más alternativa, tuvo que ir a averiguar cómo encontrar a su esposa.

*  *  *

Después de cierto tiempo, el hombre encontró a un yatiri (sabio). Este, mirando la coca, le aconsejó diciendo:

«Tu esposa está en el cielo. Nadie sube allá, solamente va tata Lurinsu (antes fue ave grande; hoy en día es picaflor)». Entonces tienes que ir a suplicar al Lurinsitu, para que te cargue hasta allá. Para ello tienes que vestirte de k’usillu (mono o personaje jocoso de los carnavales). Cuando hayas llegado al cielo, te diriges hacia el templo del Dios Padre, en donde se lleva a cabo una ceremonia grande, y te pararás en la puerta de aquel templo hasta que todos hayan salido. De allí saldrán hombres, mujeres, niños, ancianos; tú no hablarás ni molestarás a la gente, ni preguntarás por tu esposa, porque todas las estrellas tienen el mismo ropaje y es muy difícil reconocerlas. Esperarás que alguna mujer te diga: «¿Aquí también había sabido haber k’usillu no?» Entonces la cogerás a ella. Esa será tu esposa. Así podrás rescatar a tu esposa».

Con esta consulta del yatiri, el hombre suplicó a tata Lurinsu para que le lleve al cielo. Consiguió también la ropa de k’usillu. Después de que el Lurinsu había aceptado llevarlo, se fueron al cielo. Cuando llegaron, el templo de Dios Padre había estado lleno, porque se realizaba una Gran Ceremonia. El hombre vistiéndose de k’usillu se fue a la puerta del templo, mientras el Lurinsu bajó hacia la tierra. Al término de la Ceremonia la gente salía del templo, pero nadie le decía nada al k’usillu. El hombre miraba cada vez al interior del templo de donde paulatinamente se retiraban los asistentes. Al ver que ya estaba vacío el templo, el hombre se desesperó. Pero al fin, como de la nada salieron dos jóvenes mujeres vestidas de perlas resplandecientes, y una de ellas, al ver al k’usillu dijo:

Akanx k’usillux utjarakiritaynasa. ¿Acá también había sabido haber k’usillu, no?

Entonces desesperadamente el hombre se lanzó sobre la mujer que dijo aquella frase, y la cogió para traerla a la tierra. Más ella no quiso. Ante esta negativa, fueron donde el Supremo Dios Padre, a fin de ser juzgados, y, delante del Señor, se aclararon las partes. El veredicto dio el resultado de que la mujer iba a quedarse, mientras el hombre tenía que regresar solo a la tierra. Esto ocurrió porque el hombre había sido culpable por el mal trato que había dado a la mujer estando en la tierra.

Después del fallo de Dios Padre, el hombre no encontró ningún medio para regresar a la tierra, ya que don Lurinsu se había regresado. Ante esta situación recurrió nuevamente a Dios Padre. Viendo la preocupación, Yus Awki le dio una marqa (brazada, gavilla) de ramos y le encargó que hiciera una soga grande hasta que alcance a la tierra. El hombre empezó la phalaña (operación de torcer con la mano). Después de cada jornada el hombre arrojaba hacia la tierra la soga que había hecho, pero no llegaba. Se dice que la marqa de ramos se había terminado varias veces, y hasta la palma de la mano se había hecho ampolla. Pero todavía no conseguía su objetivo. Aun así el hombre, con paciencia, hacia sanar la palma de su mano y trabajaba nuevamente.

Mientras tanto, el alojamiento como la comida fue proporcionado por su propia ex-esposa y por los del cielo.

Después de mucha faena, en la última botada de la soga que hizo el hombre, por fin alcanzó la tierra. Se alegró y a un costado del templo puso una estaca. Allí amarró fuerte la soga que tenia la forma de una escalera. Luego avisó a Dios Padre, quien echó una bendición y la denominó:

Esta será la simpa (especie de escalera colgante).

Con la licencia de Dios Padre y la de su esposa, el hombre bajó a la tierra por medio de la simpa”.  

2.2. Visión relacional del mundo andino.

En la narración anterior podemos observar el tipo de relaciones que hay entre el mundo de abajo (akapacha): la chacra, la casa donde vive la gente; y el mundo de arriba (arakpacha), donde moran: las estrellas y el Awki Padre. Entre ambos espacios intercede el yatiri, que es el relacionador de mundos.

Las relaciones entre seres de distintos mundos, no es usual y se dan sólo en las narraciones de carácter pedagógico-social, que conducen a un mensaje o enseñanza colectiva – los hechos narrados justifican un acontecer actual, por tanto, son a la vez relatos fundacionales.

Independiente de la influencia cristiana que se advierte en la narración, los seres humanos y sobrehumanos conviven en comunidad con intereses distintos, aún cuando los seres no terrenales obran como humanos comunes (lloran, juegan, juzgan, ayudan).

 

No obstante, los acontecimientos se ubican en una temporalidad muy remota – “cuando las estrellas del cielo bajaban a la tierra, a fin de pasear o ver lo que pasaba en este mundo” – , la trama de los sucesos, sobretodo – las relaciones conyugales y su juzgamiento – pueden suceder hoy en día, lo cual refleja la actualidad contingente de los relatos andinos. El pasado se actualiza, para ser referente del futuro o mejor dicho, el futuro se apoya en el pasado para actualizarse.

2.3. Relaciones hombre- mujer, en busca de la armonía:

El trabajo de la tierra en el altiplano lo desarrollan tanto hombres como mujeres. Mientras los hombres aran la tierra, las mujeres depositan las semillas y las tapan.  Estas labores como arar, sembrar, abonar por ser muy esforzadas e importantes para el sustento familiar, son muy cuidadas de quienes cometen destrozos o robos. Por lo tanto culturalmente se justifica las reprimendas a quienes causen daños a la propiedad o no están trabajando como los demás. Vale recordar las normas morales quechua aplicada desde los Inkas que ha adquirido relevancia pan-andina (ama suwa, ama qilla, ama llulla. – No seas flojo, mentiroso ni ladrón-)

No obstante lo anterior, en el relato no se valida las relaciones de violencia conyugal. Por lo cual, también se justifica la huida de la mujer-estrella, por cuanto, el hombre ha trasgredido una de las normas de convivencia conyugal – el buen trato en el matrimonio- .

Es que en el mundo andino, el hombre no repara tanto en la fidelidad conyugal, si no más bien debe procurar brindar una buena crianza y un buen ejemplo a los hijos y, entregar un buen trato a la pareja. Entre ambos debe existir un clima de convivencia, que se dé ejemplo a los hijos (y a los vecinos) y que procure el bienestar de la familia.

Por otro lado, no es común ver que la madre abandone a sus hijos, por muchas penurias que pase. Sin embargo, por la procedencia de la misma (del arakpacha) se comprendería su vuelta a su espacio original, no antes, dejando recomendados a sus hijos para que se porten bien.

Sin embargo, el marco literario parece semejar a una familia distinta a la tradicional (¿la moderna?) donde no se advierte como en la familia antigua, el peso moral y el control social de los parientes mayores cercanos a la pareja, como los padres y padrinos de matrimonio.

En la relación madre-hijo, todavía se sustancia toda la afectividad y complementariedad familiar, aun cuando alguno de ellos esté en desacuerdo, el bien social o familiar está por encima del bien personal.

El rescate de la mujer desde el cielo es una tarea osada, que requiere de la fuerza e intervención del yatiri, quien señala claramente la forma de conducirse para llegar al cielo y recuperar a su mujer.

El dictamen del juicio en el cielo, es el que cualquier familia tradicional andina podría haber determinado, el hombre no está preparado para convivir con alguien a quien maltrata. No obstante, el juez es magnánimo y ordena a la ex mujer ayudar al hombre a volver a su mundo donde pertenece.

Las relaciones actuales de algunos matrimonios jóvenes andinos, producto de la modernidad se han visto cambiados sus patrones de vida, cada vez se tornan más autónomos de las generaciones de los padres, por lo cual no disponen de un factor protección y control social al interior de la propia comunidad. Mucho más riesgo social y cultural tienen las familias urbanas, que se apoyan en parientes o inmigrantes de su mismo origen.

III. PERCEPCIONES  DE GÉNERO  EN EL MUNDO ANDINO.

3.1. La complementariedad o unidad en la diferencia.

La concepción del mundo andino está concebido en dualidad y complementariedad, a tal punto que se concibe el mundo “apareado, casado o emparejado” no es posible por si sola la individualidad. De este modo se concibe  el sol casado con la luna, los cerros machos casados con cerros hembras, plantas hembras conviviendo con plantas machos. Esta concepción ha influido incluso los elementos que trajo el europeo, tanto que no se pudo concebir la iglesia sola, el hombre andino inventó la torre (como macho) para estar casado con la iglesia (concebida como hembra).

Así en las procesiones de las fiestas patronales de los valles precordilleranos, el santo patrón sale a recorrer el pueblo (acompañado o casado) con una imagen de una virgen también patrona del pueblo. En la misma ceremonia, y en el momento más culmine del ritual indígena, se arman dos mesas rituales una para los hombres (para los tatanaja) a la derecha y otra para las mujeres (para las mamanaja); ambas mesas si bien se arman en distintas formas, con distintos elementos y adornos, se complementan para dar buen cumplimiento a la ceremonia.

En esta condición, diríamos que cada género tiene su espacio y su especificidad que atiende a su propia identidad.

3.2. El respeto a la diferencia o a la identidad de género al interior de un pueblo.

La percepción del mundo según su condición de género se advierte nítidamente en el trabajo textil que la pareja desarrolla habitualmente. El hombre por lo común se ocupa de realizar labores más toscas como trenzados para lazos, correas o cinturones. En cuanto a tejidos de telar, se ocupa de tejer chales de bayeta o cordellate que son prendas sin color y de hilo grueso, cuya confección no requiere de gran habilidad artística, y que por lo general ocupa un telar de cuatro pedales.

Al contrario del hombre, la mujer realiza un hilo más fino y es experta en el teñido multicolor (degradación del color a semejanza de la naturaleza). Ella desarrolla los diseños más auténticos de la iconografía textil aymara, que podemos observar en las fajas y llijllas desde tiempos precolombinos. Podríamos decir, que la mujer es la que interpreta y traduce el mundo natural al lenguaje cultural del tejido tradicional.

Bibliografía:

Montesino, Sonia: “Apuntes de clases”. Cátedra Construcción Simbólica del género. Magíster Género y Cultura mención Ciencias Sociales, Universidad de Chile. 1er. Semestre 2004.

Ochoa, Villanueva, Victor “Las estrellas, la simpa y el zorro” en. Raíces de América: El Mundo Aymara Compilación de Xavier Albó. UNESCO-ALIANZA AMERICA 1988.

Asociación Aymara Inti Marka  “Chacha warmi: relaciones de género en el mundo andino” en Revista Oficina de Asuntos Indígenas de Santiago CONADI Año 1 Nº 2002 páginas 64-65.

 

 

NOTAS:

[1] Montesino, Sonia: Apuntes de clases. Cátedra Construcción simbólica del género. Magister Género y Cultura mención ciencias sociales, Universidad de chile. Stgo. 1er. Semestre 2004.

[2] Extracto del relato LAS ESTRELLAS, LA SIMPA Y EL ZORRO perteneciente a la tradición oral aymara de Puno-Perú, recogido por VICTOR OCHOA VILLANUEVA. Raíces de América: El Mundo Aymara Compilación de Xavier Albó. UNESCO-ALIANZA AMERICA 1988

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