Revista electrónica, ISSN 0718-3658
Diciembre de 2023, Año XVI - Nº 58

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Diciembre de 2023, Año XVI - Nº 58

LITERATURA ANDINA

Cuento (aymara)

EL MITO DEL UMA LLAWITA (AGUA ENCERRADA)

Al finalizar la quebrada de la comunidad de Choquechaca, al pie de unas rocas que se prolongan hasta la cima del Khapiya, en medio de ellas, existe una formación rocosa en forma de una gran puerta cerrada, por una parte de esa puerta emana abundante cantidad de agua del subsuelo, que posiblemente provenga desde la laguna de Warawarani, a este lugar le llaman uma llawita

Esta agua empieza a descender dando origen al río Khapiya, esta es la principal fuente de agua potable que consume la población de Yunguyo, con afluencias de otros ojos de agua que sale de la misma quebrada. Los pobladores cuentan que, en tiempos muy antiguos, el Dios Sol había mandado a cerrar la puerta de piedra con un enorme candado, con la finalidad de distribuir el agua de la mejor manera posible para la existencia de los pobladores, para la sobre vivencia de sus animales y también para el regadío de los productos que se cultivan. Asegurando así la gran masa de agua del cerro Khapiya cuyo cuidado estaba a cargo de los curacas del lugar, manifestaron que el día en que fuera forzado o fracturado el candado, la inmensa puerta reventaría y la gran masa de agua encerrada inundaría todo el lugar, desaparecería la ciudad de Yunguyo además sería otra unión de los dos lagos Wiñaymarka y Titicaca, convirtiéndose en un gran mar y por consecuencia morirían todas las habitantes del lugar.

Las personas manifiestan que cuando se asoman a unos metros de distancia, se oye ruidos como si se tratara de un molino de agua en el fondo del Khapiya, el mismo que está encerrado y asegurado con un candado de piedra. Hoy podemos observar la figura de un candado, con indicios de rajaduras, por ello el temor de los pobladores de las laderas, uno de los pobladores asegura que:
En cualquier momento va a reventar la puerta y Yunguyo va desaparecer, nos hundiremos, porque el agua que va reventar es bastante, va salir todo lo que está encerrado en el Khapiya, debemos tener mucho cuidado y estar preparados.

EL MITO DE LOS HERMANOS CASIMIRO Y SILVERIO

Hace mucho tiempo por estos lugares vivía una familia que tenía dos hijos, el mayor de ellos se llamaba Casimiro y el menor Silverio, dos hermanos con distintas formas de pensar y vivir. Una vez que fallecieron los padres cada uno hizo su vida a su manera. Pasado los años Casimiro ya era un hombre adinerado, siempre quería que las personas trabajaran para él por unas cuantas monedas, y sus bienes no los compartía con nadie; tampoco era sincero, hablaba mal de las personas y de su pueblo para aprovecharse de las personas pobres, queriendo ser el único millonario de esta tierra, en otras palabras, era el malhechor del lugar.

Silverio el menor de los hermanos era pobre, un hombre muy honrado y de palabra, no le gustaba mentir ni aprovecharse de sus semejantes, apoyaba a su pueblo, toda su vida pasó trabajando en la chacra, arando la tierra para ganarse unas cuantas monedas de esa manera solventar el sustento de su familia, era totalmente diferente a su hermano.

Casimiro abusaba todo el tiempo de la honestidad y sencillez de su hermano, no quería que Silverio saliera de su pobreza, tampoco quería que tenga chacras ni animales, todo lo quería solamente para él. Pasado un buen tiempo, un día en la casa de Silverio se acabó la leña, no tenían con qué cocinar, no tenían qué comer, entonces Silverio dijo:

– Mañana iré al cerro y traeré la leña que necesitamos para cocinar y algo para comer.

Al día siguiente desde la mañana se alistó para enrumbarse al cerro, en el trayecto tuvo mucha sed y hambre, pero él continuaba caminando, una vez que llegó a la cima del majestuoso cerro (actual cerro Khapiya), de la nada escuchó voces, quedando muy asombrado y pasmado, más adelante encontró algunos frutos, eran mazorcas de maíz no sabía qué hacer y dijo:

– Si traigo a mi familia a vivir aquí ya no vamos a morir de hambre y, hay bastante leña y pastos verdes para mis animales y también los ichus para el techo de mi casa.

Las horas pasaban y Silverio seguía pensando sin saber qué hacer, quería bajar los frutos, pero pensaba si los bajaba tal vez le podría pasar algo porque no sabía de quien era. Luego de tanto pensar se le apareció un viejito sentado sobre una roca, entonces Silverio le dijo:

– Tata Achachila dame unos cuantos maíces que tienes, por favor, que mi familia se está muriendo de hambre porque no hay nada que comer 

El viejito le contesta:

– Sí, ya sé lo que te pasa y lo que necesitas, requieres la ayuda para vivir, además eres un hombre sincero y solidario, a eso le pregunta:

– ¿Cuál de los maíces quieres los de color blanco o los amarillos?

Silverio pensaba y pensaba, internamente decía que ya había visto los blancos, en cambio los amarillos nunca los vio en su vida, fue así que decidió elegir los amarillo. Entonces el viejito le proporcionó unos cuantos maíces, Silverio, agradeciendo al Tata Achachila, cargó el bolso y enrumbó el retorno, cuando bajaba del cerro, a mitad del camino el bolso que cargaba se hacía cada vez más pesado, pero él seguía sin descansar porque estaba alegre de haber conseguido algo de comida para su familia. Totalmente cansado y bañado en sudor llega a su casa y entra diciendo:

– Hay, hay al fin vamos a comer, vamos a comer algo que ustedes nunca han comido ni han visto.

Cuando baja el bolso de su espalda cae con fuerza y con sonido de metal, todos quedaron asombrados, no imaginaban qué era lo que había traído Silverio. Cuando abren el bolso se dan con una gran sorpresa, ¡había oro!, algo inexplicable para la familia, solo Silverio se imaginaba lo que había ocurrido. Agradeció al majestuoso Achachila Khapiya por haberle dado el oro para que su familia no esté más sufriendo de hambre.

Después de un buen tiempo Silverio y su familia empezaron a comprar grandes extensiones de terrenos y variedad de ganados, construyeron una hermosa casa como alguna vez él había soñado, sus hijos disfrutaban de todos los gustos, les daba lo que ellos querían, porque con vender solamente un poco de oro tenía de todo. Después de haber gastado gran cantidad del mineral en varias cosas, aún tenía más de la mitad del oro que obtuvo del Khapiya.

El malvado de su hermano Casimiro al saber que su hermano menor estaba sobresaliendo y que había conseguido casi de todo, maliciosamente lo visitó en su casa y le dijo:

– ¿De dónde sacas tú tanto dinero? Si tú no trabajas como para comprar todo esto, apenas trabajas para ganarte unas cuantas monedas.

Silverio se quedó callado, no dijo nada porque su hermano no sabía nada de lo ocurrido, pero Casimiro con voz alterada seguía exigiendo explicaciones, hasta empezó a pensar mal de su hermano diciéndole:

– ¡Ah, tú te has robado! …, seguramente de alguna de las haciendas, eres un ladrón, eres un ratero ambicioso.

Al escucharlo se sintió humillado y ofendido recordando todo lo que le hizo anteriormente, como es que su hermano Casimiro le humillaba todo el tiempo, entonces se dio cuenta de que su hermano era muy ambicioso y sólo él quería tener de todo. Calmado y sereno Silverio le respondió:

– Hermano Casimiro no es lo que tú estás pensando, no pienses mal de mí, la verdad es que yo he tenido suerte.

Casimiro: – ¿Queee? ¿Tú tienes suerte?, ja, ja, ja, estás loco, sabes, yo te voy a denunciar, voy a decir que eres un ladrón.

Esto decía porque su hermano Casimiro no entendía nada de lo sucedido.

Silverio: – Tú no entenderás nunca.

Casimiro: – ¿Queee? ¿Nunca? ¿De qué me hablas?

Entonces empieza a contarle lo ocurrido y que a causa de la falta de leña había subido al cerro y llegando a su casa, se dio con la sorpresa y desde ese momento había cambiado su vida. Casimiro al enterarse de la verdad, también hizo lo mismo que su hermano Silverio. Se fue rumbo al Khapiya, una vez en la cima vio al viejito a lo lejos y se dijo:

– Al fin seré muy rico, muy rico, me lo traeré todo lo que encuentre, lo que él tenga será mío.

Su mente estaba llena de ambición, y sólo pensaba en ser el único rico; entonces se acercó al viejito y le dice:

– dame unos cuantos maíces para comer.

El viejito al escuchar lo que quería, y como sabía lo que Casimiro tenía en mente, le dio solamente un cuerno, Casimiro sorprendido miró al viejito y dice este cuerno no me va servir para nada, entonces el anciano sospechando lo que estaba pensando le dice: – Tú no sabes lo que en realidad es ahora, pero al llegar a tu casa lo sabrás.

Y así bajó apresuradamente del cerro, al llegar a su casa de inmediato abrió la bolsa; grande fue su sorpresa, de la bolsa salió una taruka (venado), un animal salvaje que hacía alboroto y destruyó su casa por completo. Casimiro en un inicio no entendía nada, pero posteriormente se puso a pensar y entonces comprendió que debía ser como su hermano, haciendo el bien sin lastimar a nadie, ser bueno y sincero.

Silverio dio infinitas gracias Tata Achachila por haberle brindado lo que le faltaba, así vivió muy feliz con su familia compartiendo lo que tenía con todos los pobladores, y generalmente con los necesitados, tenía una vida maravillosa.

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