Por el compromiso con nuestros lectores, en la Biblioteca de Antropología Andina (BAA) – IECTA, estamos actualizando constantemente la bibliografía con el objetivo de ofrecer un mayor y mejor servicio a los estudiantes, docentes e investigadores. Para lo cual presentamos algunas de las últimas adquisiciones que tratan sobre el mundo andino:
Papas nativas de Arica y Parinacota
Solanum spp. sección Petota
Oriana Pardo B. y José Luis Pizarro T.
Santiago
Ediciones Parina E.I.R.L.
2024
Pág. 230
INTRODUCCIÓN
Este libro se inscribe en la línea de trabajo de los autores que invetigan desde hace años la historia alimentaria de los pueblos de Chile.
Esta publicación se refiere a las especies del género Solanum que forman tubérculos, incluidas toxonómicamente en el subgénero Potatoe, sección Petota Dumortier, presentes en la precordillera y en la puna de la Región de Arica y Parinacota (Chile), donde han sido cultivadas y consumidas desde tiempos muy antiguos.
La denominación más corriente empleada hoy día en América para los tubérculos es «papa», voz quechua que prevaleció y se generalizó, reemplazando las antiguas palabras en lenguas vernáculas, incluso a nivel regional, donde la denominación aymara amka o amcca o incluso ch’uqi o ch’oque es muy poco utilizada.
El nombre tradicional del tubérculo se complementa generalmente con algún adjetivo: negra, blanca, roja, bicolor, etc. o, si es silvestre, «para de gentiles» o «papa de los abuelos».
El momento y el lugar de origen de las plantas cultivadas y su evolución posterior, ha sido tema de gran interés para botánicos y agrónomos, originalmente por curiosidad histórica naturalística, pero sobre todo por su importancia genética en programas de mejoramiento.
Por razones de proximidad geográfica, étnica y sociocultural, el cultivo de la papa comenzó en la Región, seguramente muy poco tiempo después que las primeras especies fuerons domesticadas en el área Circumtiticaca. Aunque las referencias arqueológicas para la puna y la precordillera chilena son escasas, diversos autores coinciden en cuanto a que la papa fue la base de la alimentación de las poblaciones originarias (Romero, 2005; Horta, 2010).
Todas ellas, las silvestres y naturalmente las cultivadas, han tenido enorme importancia alimentaria desde tiempos prehispánicos. Las silvestres fueron consumidas directamente en el campo por pastores y caravaneros y también a nivel de la habitación en caso de escasez puntual de otros alimentos. De ellas derivan las variedades cultivadas, en un complejo proceso en el cual se sucedieron múltiples eventos de hibridación, en diferentes momentos y ambientes biogeográficos, para dar origen a las actuales papas nativas.
A este respecto, se debe destacar un hecho al que se presta generalmente poca atención y es que las variedades tradicionales del norte de Chile, y en particular las de la Región de Arica y Parinacota, son ejemplares únicos de Solanum tuberosum L. subsp. andigenum (o Grupo Andigenum en la perspectiva de Spooner et al. 2014), hecho que es escasamente mencionado o simplemente omitido en las referencias consultadas.
Por esta misma razón, creemos que es urgente la necesidad de dar forma a un centro de investigación especializado en precordillera y puna, que permita recuperar y conservar el remanente de germoplasma existente en la Región, de papas y de otros cultivos andinos, en acelerado proceso de extinción, como lo demuestran numerosos estudios e inventarios.
Por último, quisiéramos dejar constancia de nuestro formal agradecimiento a las numerosas personas que nos han permitido, a lo largo de los años, acumular la información que presentamos, que consideramos de gran interés para la institucionalidad, la academia y sobre todo para las futuras generaciones.
Deseamos agradecer, en particular, a las y los cultivadores de papas nativas de la precordillera y puna de Parinacota y Camarones, quienes con generosidad nos entregaron los conocimientos que nos permitieron escribir este libro. Es a ellas y ellos a quienes cabe el mérito de cultivar y conservar, con amor y paciencia, las papas nativas que se describen en el presente documento. Por esta razón, hemos querido destacarlos en un capítulo al final de este libro.
A ellos está especialmente dedicado, con la esperanza que contribuya a despertar el interés de las instituciones en la conservación de este patrimonio biogenético único de Chile.
Los autores
Alberto Díaz Araya (editor)
Arica – Parinacota
Ediciones Universidad de Tarapacá
2024
Pág. 860
NOTAS INTRODUCTORIAS
El presente libro es un texto de divulgación. Su propósito es difundir entre la población regional los antecedentes demográficos que formaban parte de lo que alguna vez fue el Departamento de Arica.
Como nota introductoria, debemos considerar que tras la guerra del Pacífico (1879-1883), todo lo que es actualmente el extremo norte de Chile formaba parte del sur del Perú. En tal contexto, los procesos políticos, económicos, jurídicos y socio-culturales impuestos por las agencias y agentes del Estado chileno, generaron una serie de transformaciones en la distribución administrativa del territorio. Tempranamente, se organizó la Intendencia de Tacna, la Gobernación de Arica, municipios y diferentes subdelegaciones urbanas y rurales que regimentaban todo el espacio del desierto ariqueño, la sierra de Huaylillas y los paisajes de la puna.
El advenimiento del siglo XX trajo consigo a la región una serie de conflictos y tensiones producto de los programas de chilenización compulsiva, manifestándose en trágicos episodios de violencia política. En aquella coyuntura, las mujeres y hombres de Arica y los valles, peruanos en su mayoría o pertenecientes a las comunidades indígenas andinas y al pueblo afrodescendiente, se vieron coaccionados en una sociedad panóptica, la cual regulaba todo el quehacer cotidiano de la población de antaño. En este sinuoso entramado, la sociedad ariqueña tuvo que enfrentar al unísono el paradigma diplomático de un oscilante péndulo plebiscitario e identitario, al rechazar o preservar sus vínculos con el Perú, en un complejo anfiteatro soterrado por la chilenización.
Sobre el drama de la chilenización y el plebiscito imposible, existe una abundante literatura acá y allá tras la línea de la Concordia. Sin embargo, aunque se disponían antecedentes demográficos para fines del siglo XIX y comienzos del XX, con un cúmulo de cifras que ilustraban las cantidades de los habitantes de la zona, no sabíamos quiénes eran las mujeres y hombres que aparecían sintetizados en los datos cuantitativos que ofrecían los censos como el del año 1907.
Para inicios de 1980 se encontró en los repositorios del Archivo Histórico Vicente Dagnino de la UTA, un curioso documento hasta entonces desconocido, rotulado como el «Censo del departamento de Arica del año 1917«. Este importante hallazgo fue un proyecto que esperó por décadas ser publicado, como parte de un objetivo que requería darlo a conocer a la comunidad regional, a las organizaciones territoriales y a las instancias académicas pertinentes; iniciativa que hoy llega a concretarse.
El «Censo del departamento de Arica del año 1917» es un material inédito que nos permite ahora aproximarnos no solamente a las cifras y su valor estadístico, sino que también a elementos de orden cualitativo, debido a que aparecen en su totalidad los listados de las personas que constituían aquella señera sociedad. El formulario censal posee campos descriptivos donde se ingresaron a los residentes casa por casa; asimismo, se indican referencias sobre la calidad conyugal, hijos/as (todos con nombres y apellidos); además, las direcciones de las viviendas en las manzanas o sectores de la ciudad; nacionalidades, nivel de instrucción, propiedades; en fin, una cadena de datos que tal vez faciliten la reconstrucción de una historia regional mucho más cercana.
Las referencias del censo, su materialidad y contenido son descritos en las páginas posteriores de este libro; como asimismo, los detalles del empadronamiento son incorporados in extenso en los anexos que posee este texto. Justamente, para el lector/a nortino, existe la posibilidad de hallar en el listado de habitantes a sus antepasadas y antepasados que eran residentes del viejo puerto ariqueño, o estaban vinculados a las comunidades indígenas o al pueblo afrodescendiente.
Hoy, cuando en nuestro país se está desarrollando un nuevo censo y surgen algunas voces disonantes, podemos recordarles que, los padrones regionales de 1792, 1813, 1841, 1846, 1866, 1871, 1876, muchos de los cuales ya hemos publicado, fueron en el pasado un instrumento fundamental para la planificación de las políticas públicas que los Estados nacionales ejecutaron en nuestro territorio. Son instrumentos de la república, porque frente al empadronamiento de la ciudadanía, se da cuenta de ¿quiénes son?, ¿dónde se localizan?, ¿qué tipo de actividades realizan?, ¿cuáles son sus vínculos nacionales?, e infinitas preguntas que quedan abiertas para futuras investigaciones. Son al mismo tiempo, herramientas para diagnosticar perfiles sociales; pueden además considerarse como una fotografía de la sociedad.
Durante el levantamiento censal, las y los ciudadanos son catalogados, registrados, empadronados en formularios o en base de datos para proyectar acciones de orden politico y económico en beneficio de la sociedad en su conjunto. Dicho sea de paso, los censos poseen un profundo valor historiográfico.
Para fines de una acercamiento al contexto histórico de la época del censo de 1917, hemos convocado a destacadas investigadoras e investigadores ariqueños y nortinos que han sido formados en la Universidad de Tarapacá, para que nos entreguen una mirada sobre cómo era la sociedad de hace un siglo atrás. De esta manera, en los diferentes acápites que posee este libro, permitirá al lector/a recorrer la complejidad de la coyuntura sociopolítica y económica que poseía el Departamento de Arica. Estos importantes trabajos, ilustran la formación de una colectividad dinámica en la cual las familias peruanas, chilenas, bolivianas, indígenas, afrodescendientes y también extranjeras, fueron configurando una sociedad compleja y diversa, dado el confuso escenario diplomático de las relaciones de prestigio y poder imperantes.
En torno a una memoria territorializada, el registro casi fotográfico disponible en el censo de 1917 puede actuar como un artefacto que simbólicamente establece un puente hacia el pasado, al articularse las actuales familias nortinas con aquellas que se desenvolvían en estos añosos páramos.
Tal vez, es probable encontrar en el censo cierta conexión con nuestros abuelos, abuelas, bisabuelos, tatarabuelos y elaborar genealogías que dialoguen con el tiempo presente, visualizando la continuidad de los linajes y la reafirmación de múltiples identidades.
El libro del censo de 1917, es un texto dedicado a las y los estudiantes nortinos, para que puedan conocer el pasado familiar y armar, en el aula o en sus casas, coloridos árboles genealógicos de sus ancestros/as, insertándose en algunos de los troncos familiares como herederos/as de una cercana historia regional que explora los antiguos laberintos de la sociedad del desierto.
Alberto Díaz Araya
Mä warawarana llijtawipa
Experiencia comunitaria de la escuela Pampa Lirima (1980-1994)
Juan Álvarez Ticuna y Laurens Van der Zee
Santiago
Editorial Luciérnaga
2024
Pág. 53
PRESENTACIÓN
A comienzos del año 1986, vino a nuestra comunidad de Pampa Lirima, Laurens van der Zee, un joven estudiante holandés, con el propósito de realizar una tesis de maestría para su universidad. Este joven estudiante además era músico que, aparte de realizar entrevistas, obtener fotografías y registrar lo que le causaba más impresión del trabajo de la escuela, enseñaba en su tiempo libre a los niños, lecciones de música electrónica.
Por largo tiempo no supimos, que suerte tuvo Laurens con su tesis de maestría, hasta que hace unos años atrás, le pregunté si por casualidad tenía alguna versión en castellano de su tesis o algún registro de lo que él observó. Entonces, nos envió un informe en duplicado denominado “Onderwijs, identiteit en het recht o peen eigen cultuur de Aymara’s van Noord-Chili, que en su versión en español se traduce como “Educación, identidad y derecho a una cultura propia: los Aymaras del norte de Chile”, junto a un valioso registro fotográfico de aquella época, en que se notaba la meticulosidad y cariño con que efectuó sus observaciones y registros, los cuales son piezas fundamentales para construir este libro.
Si bien, la escuela de Pampa Lirima fue una etapa de la vida de la comunidad y de la mía, seguí después de esa experiencia, generando en otros procesos educativos de carácter intercultural y bilingüe a nivel nacional, teniendo muy presente en la memoria, que la educación pertinente, etnoeducación o educación comunitaria, no era una utopía, porque ya le habíamos vivido en mi comunidad ancestral.
El libro es solo una pincelada de lo que fue la época de construcción de la comunidad y funcionamiento de la escuela de Lirima; por lo tanto, aporta aspectos sustantivos del acontecer de esa época. No obstante, rescata el esfuerzo de un grupo de personas, por direccionar su futuro como colectivo social y la estrategia que se empleó para levantar pedagógicamente una escuela diferente, amable con el entorno y con la herencia cultural ancestral.
El libro está dividido en cuatro partes entrelazadas: la primera, presenta los orígenes y establecimiento de la comunidad de Lirima, cuestión que es importante de detallar y valorar; la segunda, se aboca principalmente a entregar información relativa a fundamentar por qué y cómo se creó la escuela; la tercera, trata de describir de manera resumida y descriptiva la práctica educativa de la escuela en sintonía con la comunidad; la cuarta, señala a partir de las tres anteriores, sugerencias para generar una escuela comunitaria y amable con el contexto donde se encuentre inmersa.
Esperamos que este libro sirva para que las nuevas generaciones de lirimeños, incrementen el conocimiento de sus orígenes y para que los educadores comprometidos con los grupos en autogestión, exploren nuevas formas de educación liberadora.
Juan Álvarez Ticuna
Herminia Sarmiento Chambi
Tacna – Perú
Corporación Máxima S.A.C.
2024
Pág. 249
INTRODUCCIÓN
La lengua aimara es un idioma oficializado y aglutinante. Además, es una lengua originaria del Perú; y a su vez, son todas aquellas anteriores a la difusión del idioma castellano o español y que se preservan y emplean en el ámbito del territorio nacional. También es considerado como la lengua materna o primera lengua siendo adquirida por una persona en sus primeros años de vida como parte de su proceso de socialización en el marco de la vida familiar y los ámbitos más cercanos de relaciones sociales. Una persona puede tener una o más lenguas maternas.
Le lengua aimara es un idioma polisintético; cuenta con su fonología de 26 fonemas consonánticos, tres vocálicos (a, i, u) y un alargamiento vocálico; las consonantes presentan tres modalidades (simples, aspiradas y glotalizadas) y no hay secuencia de vocales. La mayoría de las relaciones gramaticales queda definida más por la morfología que por la sintaxis, mediante dos elementos básicos: raíces y sufijos. La sintaxis de la oración corresponde a la secuencia Sujeto + Objeto + Verbo (SOV).
De acuerdo a la categorización clásica de las lenguas; inflexivas, aglutinantes y aisladoras, el aimara es una lengua aglutinante. Mientras que de acuerdo a la clasificación moderna que tiene una escala continua desde lenguajes analíticos hasta los lenguajes sintéticos, en este caso el aimara está en la zona de los lenguajes sintéticos. Una otra característica del aimara es su sistema de cuatro personas gramaticales. El carácter aglutinante aimara se debe a las propiedades de sus dos clases morfológicas fundamentales: raíces (verbos, sustantivos, adjetivos) y sufijos. Las raíces verbales y los sufijos son elementos morfológicos sin ningún significado por sí mismos. Mientras que combinando adecuadamente estos elementos morfológicos se puede expresar cualquier tipo de ideas.
Igualmente, la palabra aimara (aymara) deriva de tres palabras compuestas: primero, “jaya”, lejano, antiguo, antepasado; el segundo, “mara”, año; y el tercero, “aru”, voz, lenguaje, hablar. Por lo que “jaya mara aru”, o simplemente “aymara”, significa “lenguaje de los antepasados”
El presente trabajo contiene la forma sencilla de aprender la lengua aimara con los alfabetos normalizados vigentes por el Ministerio de Educación, el mismo que conllevó un trabajo largo tomando en cuenta los antecedentes que datan de los años setenta, época en que el Perú cobra conciencia de su etnicidad y de su diversidad lingüística, además se logra recuperar los trabajos realizados por los cristianos religiosos, lingüistas, estudiadores, sociólogo entre otros. Teniendo presente el primer estudio gramatical y lexical del lenguaje aimara fue realizado por el jesuita italiano Ludovico Bertonio a finales, a finales del siglo XVI, mientras cumplía su misión en Juli (Chucuito-Puno), Bertonio estudió al aymara usando como referencia a la gramática latina.
Asimismo, se considera que el aimara altiplánico tiene dos lenguas hermanas como el Kawki y el Jaqaru, ambos hablados aún en algunas provincias de Lima (sierra). De la misma forma, desde el siglo XIX algunos estudiosos como Antonio Raymondi, Sebastián Barranca y Julio C. Tello observaron de un parentesco entre estas tres lenguas. Fueron los trabajos lingüísticos realizados de Marta J. Hardman durante los años 60 del siglo XX, que confirmaron plenamente con certeza lo señalado. Hardman mostró que el aimara altiplánico, el jaqaru y el kawki son miembros de una misma familia lingüística a la que ella denomina de familia jaqi (persona). Sin embargo, Alfredo Torero denomina a esta familia de aru. Y Rodolfo Cerrón-Palomino actualmente propone que la denominación de esta familia sea aimara; por tanto, este argumento de Cerrón-Palomino es la necesidad de nomenclatura simétrica con respecto a la familia lingüística quechua, donde los nombres como simi no fueron aceptados. En estos primeros años del siglo XXI, de acuerdo a la información que tenemos y con mucha aflicción, podemos decir que el kawki puede estar extinto; mientras que el jaqaru, con base en Tupe (Yauyos), se debate en la lastimante agonía de ser hablado por unos pocos millares de personas tupinas, casi todos ellos viviendo en la ciudad de Lima. Esto hace prever que en una o dos generaciones el jaqaru, segundo miembro de la familia aimara, también pase a pertenecer a la clase de las lenguas extintas.
Los aimaras son un grupo de pueblos originarios localizados principalmente en zonas andinas del Perú, en Bolivia, Chile, Argentina y entre otros lugares. Su mayor presencia se encuentra en el lago Titicaca. Para los pueblos originarios, las perspectivas y el sentido del aprendizaje de la lecto-escritura y sus alfabetos han cambiado mucho a lo largo del tiempo, las políticas educativas de Estado han ido variando; además, las necesidades de los pueblos, de sus comunidades, organizaciones, especialistas e instituciones no son los mismos de antes. Antiguamente, se creía que los pueblos originarios estaban condenados a adaptarse a la corriente generalizada del desarrollo occidental. Pero hoy en día, está cambiando poco a poco, para ello todos los ciudadanos debemos tomar conciencia y recuperar nuestra identidad y cultura con la finalidad de lograr el buen vivir con armonía en nuestra cosmovisión.
Por otro lado, debemos tener en cuenta que los derechos lingüísticos internacionales, nacionales, regionales, locales son derechos fundamentales, individuales y colectivos, que reconocen la libertad a usar lenguas indígenas u originarias en todos los espacios sociales y a desarrollarse en estas lenguas en la vida personal, social, ciudadana, educativa, justicia, salud, ambiental, cultura, política y profesional. Asimismo, son aquellos que nos protegen y amparan ante cualquier acto discriminatorio en nuestra vida diaria.
También debemos conocer el caminar del tiempo, que es una sabiduría que se ha adquirido desde los ancestros, herencia de los abuelos. Conocer el caminar del tiempo ha permitido a las comunidades campesinas tomar decisiones para hacer la agricultura, la crianza de animales, la medicina andina, conocer los momentos para realizar las artesanías, organizarse en sintonía con sus respectivos rituales, la forma de educar a los hijos, participación activa, dialogar con los demás seres vivos existes dentro la Pachamama (cosmos). Para registrar estas sabidurías andinas se debe realizar el calendario de nuestra cosmovisión con la que cada persona vive en su comunidad y sintonizarnos a los ritmos de su buen vivir. Igualmente, cada año en el mundo aymara y en cualquier otra cosmovisión se asocia o se integra una diversidad de acontecimientos climáticos, agrícolas, ganaderos, astronómicos, festivos, rituales y organizativos que se manifiestan en una secuencia de sucesos eslabonados. Entonces, es necesario considerar a la Pacha que es el tiempo-espacio, es la organización cíclica de periodos de producción entre la siembra y la cosecha. Estos periodos o ciclos de producción son guiados por varias lecturas: las estrellas, las constelaciones y los fenómenos naturales que aparecen en el territorio de producción. La Pachamama o Madre Tierra, a quien hay que festejar con cariño, para que el proceso productivo continúe todo el ciclo biológico.
Para la escritura de la lengua aimara igualmente hay que considerar las toponimias que son los vestigios etnolingüísticos que encontramos como formas lexicales, todos en categoría de sustantivo, en formas, más o menos, congeladas. Indican nombres de espacios geográficos, que forman parte de la experiencia humana, tales como pueblos, ríos, quebradas, cerros, parajes, caminos, tierras de cultivo.
Por lo consiguiente, este material de estudio como segunda edición es un manual práctico y fácil para aprender nuestra lengua materna, el mismo que consta de ocho capítulos en los cuales se tratan los siguientes temas: Cap. I, Derechos lingüísticos; Cap. II, La lengua aimara; Cap. III, Fonética y fonología del idioma aimara; Cap. IV, Reglas gramaticales del idioma aimara; Cap. V, Sustantivo, suti, también se encuentran los pronombres, pronombres personales, pronombres demostrativos, pronombres interrogativos, pronombres indefinidos, los números, números ordinales, los adjetivos, los colores, verbos, conjugación de verbos, adverbios, las partículas, los días de la semana, los meses del año, las estaciones del año, fases de la luna, los puntos cardinales, tiempo según día a día, los lugares, partes de una casa, los astros, el cuerpo humano, órganos de los sentidos, los familiares, las ocupaciones, los minerales, sobre el agua, los animales, partes de la vaca, las plantas, los alimentos, los sabores, las prendas, cantidades-mediciones, formas; Cap. VI, Sintaxis, también se encuentran la conversación primordial, frases de cortesía, cuento, adivinanza, trabalenguas, canciones; Cap. VII, La etnomatemática, también tenemos el ejemplo de la elaboración de la k’ispiña y sus implementos; Cap. VIII, El vocabulario, castellano y aymara.
De la misma forma, el presente manual está diseñado para todas las personas, ya sean profesionales de diferentes especialidades como docentes, abogados, médicos, entre otros; estudiantes de diferentes; y para no profesionales que deseen adquirir su conocimiento sobre los Derechos Lingüísticos con la finalidad de hacer uso, preservación, desarrollo, recuperación, fomento y difusión de las lenguas originarias. Asimismo, este trabajo ha permitido a la autora incrementar el léxico aimara como intérprete y traductor de la lengua aimara reconocido y acreditado por el Ministerio de Cultura y ONAJUP-Poder Judicial, y siendo esta su primera lengua materna, es por ello, que con mucho gusto se comparte el saber propio con la finalidad de aportar a la sociedad; y además, a fin de mantener viva la lengua aimara en todos los espacios local, regional, nacional e internacional.
Herminia Sarmiento Chambi
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